Vecinos de Carballo redescubrieron su localidad a través de una tertulia sobre recuerdos de la villa Una tarde cualquiera de los años cuarenta los miles de paseantes que disfrutan de la coruñesa plaza de María Pita tuercen la vista hacía un mismo lugar. Allí, un recto señor enciende un puro con un billete como mixto. La sorpresa de los viandantes aumenta proporcionalmente a cómo se consume el verde. Dicen que es un carballés enriquecido a base de vender wolframio en la primera Guerra Mundial. Problablemente, habría ido en el Guillén. Ésta es una de las muchas anécdotas que se contaron en un curioso acto cultural llamado «Carballo na memoria» en el que se elogiaron los años veinte.
01 dic 2001 . Actualizado a las 06:00 h.La literatura de mediados del siglo XX dotó a las ciudades de vida y las convirtió en los personajes principales de importantes novelas. Camilo José Cela hizo a Madrid protagonista de La Colmena y James Joyce realizó tres cuartos de los mismo con su Dublín en Ulises. Los expertos en el ramo dieron en llamar a este fenómeno personaje colectivo. En el casino se realizó un experimento cultural consistente en que Carballo hablara y contara su propia historia por boca de sus vecinos. Unas diapositivas de la localidad servían a la vez de telón de fondo y de disculpa para que los asistentes rememoraran lo que fue la actual capital de Bergantiños desde su nacimiento, a la ribera de unas fuentes termales. Se recordó a viejos alcaldes como Bolón o Peinador. Se alabaron los florecientes años veinte, se tomó cafe en el Capitol y en el Ideal y se fue al cine en el Lumiere. Hubo tiempo también para recordar el primer conflicto urbanístico surgido a raíz de la decisión de tirar las casas de la plaza de Galicia, conocida por entonces como Plaza de la Libertad. Los más pícaros no dudaron en calificar a Rocío Patiño como la carballesa más guapa de la historia y los más píos viajaron en el tiempo para recordar la visita del cardenal Quiroga Palacios y de una imagen de la Virgen de Fátima que estaba de gira, como hoy sucede con los artistas de rock, por toda Galicia. Hubo además un catalejo para comprobar que en Carballo hay también una zona cero, la que ha dejado en el alma de sus vecinos la caída de la iglesia, el ayuntamiento y el edifico de Chinto.