La aparición de lignito pardo en As Encrobas y Meirama cambió la historia de Cerceda de una forma determinante. Tanta importancia tuvo que el Ayuntamiento incorporó la silueta de la central térmica a su escudo. La desaparición del yacimiento debería estar acorde con la incidencia que el carbón ha tenido en la vida de los cercedenses. Hasta ahora no ha sido así. El plan Miner, que debía dar alternativas a las cuencas mineras, estuvo a punto de pasar de largo de Cerceda y ahora pasa de refilón, por obligación. No es raro, 400 empleos hacen que el municipio esté a la cola de las prioridades del Ministerio de Industria. Cerceda ha sabido buscarse la vida por su cuenta, sin quedarse enganchada en el tren del Miner, que está en una vía muerta. Esto no significa que no haya que cumplir lo pactado porque ello es necesario para que el despegue del municipio no se aborte a un metro del suelo.