La presencia del presidente de la Xunta en la Festa dos Maiores de Zas provocó vítores encendidos de decenas de personas
01 sep 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Entró don Manuel en el polideportivo de Zas y todo el polideportivo fue aplauso. Más de mil personas en pie. Gritos de apoyo. «Viva el PP», grita una señora. «Viva», le secundan otras. Pero, cuidado. No se vayan todavía, aún hay más. Sube el presidente al palco y los ocho miembros de la Nova Charanga -de nova nada, pero el márketing es lo que manda- entonan un muy aceptable Himno de Galicia con sus ocho instrumentos de viento. Todos en pie. Emocionados. Una señora, de nuevo, también emocionada, dice que se le eriza el vello. -¿Que vello?, pregunta la amiga -¿Cuál va a ser, mujer? El de los brazos?, le responde, por si había dudas sobre el vello. Toda una fiesta de las personas mayores de Zas, la de ayer. Más de mil invitados, que a 70.000 pesetas de pensión media dan como resultado 70 millones de pesetas que retirarán mañana por el banco. O 70.000 años en total. O herederos de un pasado que no volverá. Pero a quién se le pueden ocurrir semejantes cosas cuando de lo que se trata es de comer bien, de pasárselo bien. Dicho y hecho, comida excelente, ambiente de premio. Cuarenta camareros corriendo de un lado a otro. Impecable organización. Pulpo, empanada, churrasco, criollos, pasteles, vino, licores. Con tan buena pinta que entra por lo ojos. El presidente de la Xunta comió como todo el mundo con el alcalde, Ernesto Rieiro, quien le agradeció gestos y pidió mejoras. Es lo que hay. Delante, marea humana de señores y señoras a los que se les veía, verdaderamente, felices. Lo malo de estas cosas es que cuestan dinero, porque habría que hacerlas cada mes. Para algunos es su única vía de escapatoria social. Ríen, brindan, una lloraba, bailan, y los de más edad se llevan regalos, como si no fuera regalo llegar a 97 años y comerse un churrasquiño que, como el resto, en efecto, entraba por los ojos pero no por bocas desdentadas.