Decenas de personas se quedaron sin poder ver «O lapis do carpinteiro», que levantó una gran expectación en la Mostra Hasta dos, o incluso tres veces, se habría vuelto a llenar el salón del Concello si hubiese varias funciones de «O lapis do carpinteiro». Eran las nueve de la noche -hora de apertura de la taquilla- y el número de personas esperando se acercaba al centenar. En el momento en que comenzó la venta fue visto y no visto. Hubo quien aguardó inocentemente a que los abonos no pasasen por taquilla, pero no tuvo demasiada suerte. Los organizadores hacían lo que podían, pero el salón de actos es lo que es. Después de acomodar a más de 250 aficionados, comenzó el espectáculo. Salvo los problemas de altura del escenario, Sarabela no defraudó y su adaptación de la novela de Manuel Rivas consiguió poner al público en pie por primera vez en la Mostra.
24 ago 2001 . Actualizado a las 07:00 h.El espéctaculo no comenzó en el salón de actos del Concello pasadas las diez. Lo hizo a las puertas de la casa consistorial desde las nueve de la noche. Organizadores y Policía Local tuvieron que estar muy atentos para organizar a la masa de ansiosos espectadores. Sin incidentes, pero con una horita de cola para conseguir los primeros puestos. Y atención, porque en cabeza del pelotón no estaban grupos de jóvenes ávidos de cultura. Las primeras en la puerta del Concello eran un grupito de colegas con los sesenta bien cumplidos. Las señoras en cuestión estaban pletóricas. Nada más abrir la puerta subieron los dos pisos a velocidad de crucero. Ni rastro de los achaques propios de la edad. La anécdota: las primeras llegaron a la puerta del salón de actos sin aliento y muertas de risa por el traspié de una compañera. Sálvese quien pueda. Y es que la variedad en el público que asiste a las funciones es una característica de la Mostra de Teatro de Cee. Adolescentes, universitarios, currantes, jubilados y gentes de la cultura y la política de la zona. Se levanta el telón Y comienza el segundo espéctaculo. Los ourensanos de Sarabela demostraron porque se han llevado la mayoría de los premios de teatro María Casares. Ocho actores para 38 papeles, con un nombre destacado: Fernando Dacosta, en el papel de Herbal, con el reconocimiento del premio María Casares al mejor actor protagonista. Y la versatilidad de los actores para dar vida a diferentes personajes con motivaciones muy dispares siempre presente. La puesta en escena cautivó al público que movía los ojos al compás de una iluminación muy significativa. La ambientación, el sonido, todo en general, hacían que el público completase el decorado del escenario en su imaginación. El escenario de una historia de represión en la guerra civil. El público lo agradeció poniéndose en pie al final de la representación. Sarabela dejó el listón muy alto en una Mostra que va por buen camino.