Fisterra y Muxía, ya más cerca

REDACCIÓN CARBALLO

CARBALLO

ÁLVARO BALLESTEROS

Buen ambiente y récord de participación en la peregrinación que organizan Neria y Amigos do Camiño de Santiago Comenzó la quinta peregrinación a Fisterra y Muxía con lluvia, pero sería por la misa en la catedral o sería por los caprichos del día que ya por el medio hizo bueno y todos los caminantes sintieron el gozo de subir y bajar montes. Y caminantes -aquí no vale la bicicleta ni los caballos- hay muchos. Apuntados y en ruta. Casi doscientos por la vía final del Camiño Xacobeo, con incorporaciones constantes y deserciones de vez en cuando. Llegaron a Negreira y hoy saldrán hacia Olveiroa. Hay muchos catalanes, brasileños, franceses, portugueses. De la Costa da Morte sí que ya no hay tantos. Diecisiete, según los cálculos oficiales.

02 ago 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Entre los representantes de la zona, nada más y nada menos que tres caminantes del Concello de Cee: el alcalde, Antonio Domínguez; el teniente de alcalde, Ramón Vigo, y el edil Isidro Caamaño. Tan destacada presencia fue elogiada por el secretario de Neria, Xan García, quien agradeció «o compromiso, a solidariedade e que se volquen tan expresamente» los miembros del ejecutivo ceense. Otra participante de a pie, natural de Camariñas, relataba entusiasmada la experiencia de compartir las penurias del trayecto y el «excelente» ambiente que se estaba viviendo. A ver si el cansancio venidero no mitiga tan optimista expresividad. También tuvo palabras de agradecimiento para el Concello de Ames -aportó comida, bebida, Policía Local y de Protección Civil-; para el de Negreira, que les dispensó una recepción oficial con banda de música y discursos solemnes, y para el canónigo de la catedral, en la que además del eco propio del santuario se escucharon palabras armoniosas para con la Costa da Morte. Precisamente en la meta peregrina, muy temprano y antes de darse la salida, García Pouso realizó una ofrenda floral ante el Apóstol. A un lado, el obispo auxiliar, Luis Quinteiro. Al otro, los caminantes con las piernas todavía enteras.