La situación de la C-552 no es nueva. En absoluto. La elevada densidad de tráfico y el no menos alto índice de accidentes fueron, precisamente, los motivos que llevaron a la Xunta de Galicia a optar por la construcción de la A-55. De eso hace más de diez años. Las actuaciones realizadas desde entonces en la vía comarcal, al margen de la apertura del tramo Cee-Fisterra y de la variante de Rempenín, han sido testimoniales. Los puntos negros están perfectamente localizados, pero en O Carrizal, por ejemplo, las mejoras no han pasado de unas cuantas líneas continuas y algunas señales. Los vehículos aún se salen en ese punto cuando llueve. Hace varios años que se discute la construcción de un tercer carril entre Arteixo y A Coruña -el tramo más transitado-, pero el proyecto está parado; como la reparación de travesías como la de Agualada, que está en estado calamitoso, o el más reciente plan para paliar los daños de las inundaciones, con 243 millones pendientes de ser invertidos.