SANTIAGO GARRIDO CONTRAPUNTO
18 jun 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Los concellos se comportan con el Monte do Son como el que no le gusta limpiar y pone el polvo bajo la cama. Pasan los días y siempre hay sitio para más. La que iba a ser la niña de los ojos de la Mancomunidade, la planta comarcal, se ha hecho vieja y ciega en tres cambios de gobierno. Los agoreros dicen que la Mancomunidade está abocada al fracaso, y con ella un sueño de hacer de la comarca algo más que siete letras. Hemos oído a decenas de personas lamentarse por lo alto y por lo bajo del impresionante impacto ambiental negativo de O Son, sobre todo cuando está llamado a ser, junto con Ézaro, Fisterra y dos o tres enclaves más, una de las atalayas de referencia de la Costa da Morte. No se trata de un vertedero más. Es, posiblemente, el vertedero. A ver si ahora, con el «impulso político», por lo menos se resuelve la cuestión.