El Instituto de Estudos Bergantiñáns organizó una ruta por los yacimientos arqueológicos más destacados de la comarca Esta semana se ha descubierto bajo las aguas del Mediterráneo los restos de una ciudad egipcea. El caso ha conmovido al planeta entero. Mientras, en Bergantiños, a una Península Ibérica de este paraíso sumergido, los lugares donde habitaban los antepasados de los actuales vecinos están hundidos bajo un manto de maleza y de árboles. Ayer el Instituto de Estudos Bergantiñáns se acercó a los castros y a los monumentos megalíticos para realizar una ruta bajo la guía del profesor de Prehistoria en la Universidade de Santiago, Antón Rodríguez Casal. La principal conclusión es que están mal conservados y sin estudiar.
09 jun 2001 . Actualizado a las 07:00 h.La primera parada de la excursión cultural marcó la pauta del día. Fue en el castro de Carballo, justo al lado del instituro Alfredo Brañas. Las construcciones urbanísticas no han dejado prácticamente rastro de la edificación. «É unha pena que a actual Lei de Defensa do Patrimonio non se cumpla», comentaba Antón Rodríguez. Para el guía, la visita era especial. En el 2001 se cumplen 25 años de la publicación de la Carta Arqueólogica de Carballo, que era un trabajo suyo de final de carrera. Con esta ruta, el Instituto quiso rendir a un homenaje al precusor de la arqueología en Bergantiños. Antón Rodríguez tuvo tiempo durante la jornada de emocionarse un poco y recordar «con moito cariño» aquel trabajo que realizó por los montes de la comarca acompañado de su padre, un cazador de Oza, en un Seat Seiscientos. Tras abandonar el casco urbano, la convención de curiosos puso rumbo a Vilela para ver otro castro olvidado, esta vez cubierto por los eucaliptos. Desde los alredodores de sus muros se divisaba, entre los pinos, la playa de Baldaio. Aunque la vista no es nada comparable con la que se podía contemplar desde el alto de Santa Eugenia, siguiente estación de esta procesión cultural. En él un murillo, alrededor de una capilla, al que una vez subido se puede contemplar Baldaio, Monte Neme, las Sisargas. «Toda esta zona debeu ser un territorio», dijo Rodríguez Casal. En cada otero, un castro. Cambio de tercio No sonaron los clarines, pero hubo cambio de tercio. Se pasó de las viviendas a las tumbas, es decir, a las construcciones megalíticas. La primera detención fue para visitar una posible piedra milenaria junto al Muíño da Pintura de Carballo. Entonces apareció la lluvía. El grupo se encontraba viendo una de las referencias de la comarca, la Pedra da Arca en Malpica, cuando, no se sabe si por molestar a los muertos, los dioses del cielo mandaron descargar las tormentas. Tras una comida en Pazos (Ponteceso), la comitiva visitó por la tarde la Pedra da Serpe y el dolmen de Dombate.