G. RIVERA/M. SIMÓN EN DIRECTO Los obstáculos en el acceso a la información y la incomunicación entre los grupos municipales condicionan las relaciones políticas
08 jun 2001 . Actualizado a las 07:00 h.No hay mal que por bien no venga. Eso dice el refranero. Así, los miembros de la oposición de muchos concellos de la Costa da Morte se ven en la obligación de tomar el pulso al municipio en los bares y en la calle, en lugar de un despacho decente en la Casa Consistorial. Y esto tiene sus ventajas, como bien sabemos los periodistas. Sin embargo, lo malo es cuando llueve mucho o cuando se necesita encontrar a alguien con urgencia. Los miembros de la oposición echan de menos una secretaria en las casas del pueblo que al preguntarle por la oficina local de un partido político responda: «Le paso». De momento, es más utopía que realidad. Por ello ponen el grito en el cielo en lugares como Ponteceso o en A Laracha. Claro que en este último municipio sólo hay que estar en un pleno para comprobar que no es sólo esto lo que exaspera a los miembros del PSOE y el BNG de la localidad. Los insultos son moneda de uso corriente en las sesiones. Es más, de las palabras han pasado a los hechos judiciales. Los socialistas han denunciado al gobierno por falsificar actas y los nacionalistas porque no les dejan formas parte de algunas comisiones informativas, pese a tener dos concejales. Todo un ejemplo de convivencia. Y es que la vida del político en la oposición no siempre es fácil. Atado de pies y manos para tomar decisiones, su función queda minimizada en un control al gobierno local, que, en ocasiones, no hace más que poner zancadillas para que no puedan hacer su trabajo. Y eso cansa, irrita y, al final, es fuente de tensiones. Pero, no es oro todo lo que reluce y algunos miembros de la oposición de las corporaciones están dispuestos a todo para minar y paralizar las labores de gobierno. Serían capaces hasta de discutir el color del mastil de la bandera si con eso desgastaran a los que están en el poder. Uno de los casos más polémicos es el de Vimianzo. En todos los plenos se evidencia la tensión que existe entre los grupos y la incomunicación es una estrategia de esta lucha. De hecho, una de las quejas más reiteradas por el portavoz del BNG, Manuel Antelo, es que se entera de las decisiones importantes del gobierno local a través de la prensa. Para él no hay otra mejor descripción de la situación: «En Vimianzo hai mala vontade política». Los socialistas también recibieron alguna que otra amenaza de expulsión del concello de Muxía por «bloquear la labor de los funcionarios». Quizás, por su costumbre a pedir y pedir... Aunque ya se sabe: O que non chora, non mama. El portavoz socialista en Corcubión, Manuel Ángel Lago, califica de «regular tirando a malo» el trato recibido por el ejecutivo. A veces les tienen en cuenta, y otras no. En Malpica esto no ocurre. La oposición está siempre bien presente, tanto que de ella depende que el actual gobierno siga sentado en el sillón presidencial. Eso sí, las críticas a la lentitud de la burocracia municipal no paran y las fotocopias de actas e informes llegan, a veces, con meses de retraso. Como en todo, en las relaciones entre oposición y gobierno no todo es blanco o negro, los matices son abundantes. Eso sí, no sería mucho pedir que hubiera unos mínimos que garantizasen cierta igualdad. Porque es muy difícil ganar una carrera si unos van con zapatillas de clavos y otros descalzos.