El arenal de la villa de Corcubión conserva el sabor histórico y señorial de esta pintoresca localidad de la Costa da Morte La villa de Corcubión es la joya de la corona desde que comenzó su existencia, y esto a pesar de ser el término municipal de menor extensión de la provincia, así que tal apelativo también puede emplearse para calificar su playa. Los orígenes de la localidad se pierden en la oscuridad de los tiempos y, ya en el Medievo, cuando pasó a pertenecer a la casa de Altamira, ejercía su señorío sobre la comarca que en la actulidad forma su partido judicial. Por ello, no es de extrañar que el arenal de Quenxe, emplazado en plena ría, desprenda en todos sus rincones el aire histórico y añejo que rezuma este pueblo marinero y turístico por excelencia.
31 jul 2000 . Actualizado a las 07:00 h.Los restos de las antiguas fábricas de salazón que hay junto a la playa dan buena muestra de la importancia que la industria pesquera tuvo y tiene en esta villa, que encuentra hoy en día otro puntal económico en el turismo, para lo que está perfectamente preparada. Tanto es así que en las inmediaciones de su pequeño arenal, así como en el mismo centro urbano de la localidad, es posible encontrar una amplia y variada oferta de establecimientos hoteleros de calidad, así como de excelentes restaurantes y marisquerías. Además, la de Quenxe es una zona habitual de fondeo de embarcaciones de recreo y en la misma playa existe una escuela de vela en la que los menos duchos en la materia podrán aprender a navegar por las tranquilas aguas de la ría o bien perfeccionar su técnica. Otra de las virtudes de la playa es, sin lugar a dudas, su limpieza. La lengua de arena siempre está inmaculada, algo difícil de constatar en otros muchos lugares, por lo que no es de extrañar que éste sea el sitio escogido por infinidad de visitantes extranjeros para pasar unos días y relajarse al sol. De hecho, aquellos que deseen practicar sus habilidades en múltiples variedades idiomáticas tienen aquí una oportunidad única. Basta pasear un rato por la orilla y entablar conversación con alguno de los turistas italianos, ingleses o alemanes que pueblan el arenal. Aunque eso sí, también se corre el riesgo de agobiarse por la cantidad de idiomas que estos visitantes suelen dominar, incluido el castellano. Paseo Es posible llegar hasta la playa en coche, pero resulta más aconsejable recorrer el paseo marítimo que la une con el pueblo, desde el que existen varias bajadas al mar. En un tramo del recorrido, concretamente en uno de los extremos de Quenxe, hay varias mesas de piedra, bancos y asadores. El único problema es encontrarlos libres, sobre todo el fin de semana. Y, por si se le ocurre a algún que otro avispado visitante, aquí no vale eso de colgar el cartelito de reservado. Que conste en acta.