Amazonas, una batalla ideológica

Las tensiones entre quienes reclaman el aprovechamiento mercantil de la mayor reserva natural del planeta y los que defienden su protección se han recrudecido tras la ola de fuegos


Leticia / Enviado Especial

Imponentes masas de vegetación que llegan hasta donde alcanza la vista. Caudalosos cursos de agua repletos de vida. Pueblos aún no contactados, que viven ajenos a la historia del ser humano. La Amazonia, que supone al menos el 25 % de toda la superficie del continente americano, y alberga un cuarto de las especies existentes en todo el planeta, ha vuelto al foco de la atención mundial debido a los devastadores incendios aparecidos en la zona en las últimas semanas. El fuego arrasó al menos 2,5 millones de hectáreas de ecosistema amazónico solo durante el mes de agosto, según el instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil (Inpe).

Los incendios, aunque aparecen de forma estacional, han aumentado de forma considerable este año. Al menos 30.901 focos de fuego fueron contabilizados el mes pasado en el Amazonas, un 196 % más que en el mismo período del año anterior, cuando se registraron 10.421 focos. No son pocos los expertos y oenegés ambientalistas que han culpado de la crisis a las políticas favorables a la expansión de la frontera agrícola de los presidentes de Brasil, Jair Bolsonaro, y Bolivia, Evo Morales.

Por eso ha sido especialmente comentada la postura oficial del Ministerio de Medio Ambiente brasileño, cuyo líder, Ricardo Salles, apostaba a finales de agosto por la «monetización» del Amazonas, abriendo áreas para el desarrollo comercial. «El hecho es que las leyes y reglamentos que fueron promulgados y usados en los últimos 10 o 20 años fueron muy restrictivos para el desarrollo del Amazonas. Es por eso que las personas optan por las actividades ilegales y criminales, porque no tienen espacio para hacer algo dentro de la ley», declaró el ministro al diario británico Financial Times.

 Salles cree que es lo mejor para las alrededor de 20 millones de personas que viven en el lugar. «Queremos demostrar que, si llegan las inversiones, y se distribuyen entre las personas que viven allí, ellos van a mantener la selva tropical, y no se van a involucrar en minería ilegal o explotación maderera», explicaba hace unos días.

Su postura vuelve a incidir en el debate entre quienes creen que el Amazonas es clave para el equilibrio ecológico del planeta y quienes creen que es importante para el desarrollo de los países que lo albergan. Pero lo cierto es que desde hace décadas se vienen aplicando políticas que fomentan la monetización del Amazonas al mismo tiempo que la reducción de la selva.

Los moradores de la mayor reserva de agua dulce del mundo recuerdan que el gran desembarco de los hombres de negocio en el Amazonas se dio con la fiebre del caucho, a partir de 1880, dando lugar a importantes núcleos poblados en el corazón del río, como Manaos, una urbe que supera en la actualidad los dos millones de personas. Posteriormente se sucedieron otras fiebres, como la de las pieles, o la más reciente, la del narcotráfico. El Amazonas es, para muchos expertos, una autopista de la cocaína colombiana y peruana. Todos estos intereses han ido acompañados del florecimiento de subterfugios legales para ocupar económicamente el territorio amazónico.

Actualmente, la principal forma de deforestación es la búsqueda de tierras, creen los expertos, que apuntan a políticas como la de «integrar para no entregar», originaria de la dictadura militar brasileña (1964-1985), que favorecía la exploración para proteger a la selva de su internacionalización. El ex presidente brasileño Michel Temer aprobó una ley en el 2017 que permitía legalizar terrenos de hasta 2.500 hectáreas que hubiesen sido legal o ilegalmente ocupados hasta el año 2011.

Quienes defienden el proceso de desarrollo agrícola y minero en la zona argumentan que contribuye al desarrollo del país y de las poblaciones autóctonas. Quienes abominan de ellas señalan que tendrá un gran coste y que afectará al clima del planeta, en especial, a las lluvias. Lo cierto es que los que viven en la zona alertan de la subida de temperaturas a ras de suelo por la tala de árboles, en las zonas deforestadas, y advierten de la escasez de lluvias. El futuro del Amazonas está en juego.

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