Krakatoa: el volcán que descubrió el «Jet stream»

La erupción en 1883 del padre del Anak generó una nube que envolvió a todo el planeta


REDACCIÓN / LA VOZ

De todos los mecanismos naturales que intervienen en el clima, dos pueden trastornar el sistema global. Uno es la órbita que dibuja la Tierra, que cada cien mil años transita de una elipse a un círculo y se modifica la cantidad de energía solar. Estos cambios generan las glaciaciones y los períodos interglaciares. Además, las erupciones volcánicas tienen efectos a escala mundial. Las nubes impiden el paso de los rayos del sol y provocan descensos de la temperatura media, entre otras calamidades meteorológicas.

Algunos de los cataclismos más famosos de la historia del clima tienen como protagonista un volcán. En 1883 se registró uno de las más intensos. El Krakatoa entró en erupción en Indonesia y la explosión fue tan violenta que borró buena parte de la isla sobre la que se sustentaba. Hace unos días, el Anak Krakatoa (hijo del Krakatoa en indonesio), el volcán que emergió con los años en el mismo lugar, retomó su actividad.

La potente erupción de 1883, que liberó una energía equivalente a un millón de bombas atómicas, elevó las partículas hasta la alta atmósfera y en menos de dos meses una nube volcánica había cubierto todo el planeta. La Royal Society de Londres no dejaba de recibir testimonios de gente que describía los efectos del fenómeno. Algunos mencionaban un cielo oscuro y otros más rojizo.

La institución científica inglesa puso entonces en marcha la primera red de colaboración ciudadana de la historia. A partir de los datos que llegaban desde diferentes rincones del mundo gracias al telégrafo, los científicos intuyeron que algo estaba moviendo la nube del Krakatoa por todo el globo. El dibujo del recorrido de esa nube volcánica dio como resultado el primer mapa de los Jet stream o corrientes en chorro que circulan por el planeta. La más conocida para los gallegos es la corriente en chorro polar, cuyos vientos se desplazan siempre desde el oeste hacia el este a gran velocidad. Es una especie de autopista en la atmósfera que muchos aviones utilizan para ahorrar tiempo y combustible. La corriente separa el aire frío del polo norte del cálido subtropical y su configuración determina el estado del tiempo en la comunidad gallega.

«El grito» de Munch

Aquella atmósfera cargada de partículas volcánicas creó atardeceres espectaculares durante los meses posteriores. Al igual que ocurre durante el amanecer y el ocaso, la luz solar se descompone, el azul se dispersa demasiado y el ojo humano capta los siguientes colores, como el rojo y amarillo. Algunas tesis aseguran que las nubes de la obra El grito de Munch, pintado en 1893, son reflejo del cielo de aquella época.

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