Por qué y para quién escribo

José Vicente Domínguez
José Vicente Domínguez LATITUD 42°-34?, 8 N

RIBEIRA

13 may 2021 . Actualizado a las 10:30 h.

Cuando le dije a mi nieta que en aquel momento no podía jugar porque tenía que escribir un artículo, me preguntó: «¿Por qué tienes que escribir un artículo?» Y así, tuve que explicarle que no era una cuestión de trabajo sino una necesidad de mantener al día mi cerebro y tratar de aportar cosas que puedan hacer pensar a los demás. Creo que lo entendió.

Quienes tenemos necesidad de escribir, solemos creer que el tema elegido va a ser de interés para el lector, sin darnos cuenta de que, como decía el gran Borges, cuando uno escribe, el lector es uno. Pero es verdad que si algún amigo nos alaba lo escrito, ya nos creemos genios y capaces de emular al gran Hemingway.

El mismísimo escritor que reconocía la papelera como el principal mueble en su estudio de trabajo. Claro que cuando a quien escribe le juzgan con dureza, no le queda otra que releer lo escrito para, con tristeza, darse cuenta de que las letras que había juntado no logran hacer música con las palabras. Así también suele definirse el arte de escribir.

Pero lo peor de todo es comprobar la invisibilidad de nuestras colaboraciones semanales. Hace unos cuantos días, mientras me tomaba un vino en la Sociedad Hijos de Palmeira, se me acercó un vecino con La Voz de Galicia en la mano, y me dijo: «Oes, ti que es escritor? Por que non escribes no periódico?».

La verdad es que me quedó cara de tonto y, creyendo que yo le había entendido mal, le contesté a media voz: «Eu escribo todos os xoves en La Voz». «Ah si!... Pois vouche ler». Después de esto, creo que ahora me lee, aunque todavía no conozco su opinión sobre mi manera de escribir. Sí sé que no coincidimos en nuestras ideas políticas; lo cual, visto lo visto, poco nos debe extrañar.

Claro que no todo son pequeños sinsabores. Mi amigo Chousa, por ejemplo, mientras compartimos viejas historias en la de Baldomero, me suele alegrar la oreja cuando dice que espera cada jueves para leer mis colaboraciones. Y también María (ella sabe a quién me refiero), suele alegrarme con sus comentarios.

Otro amigo mío de Boiro, a quien se le reconoce una extraordinaria claridad de ideas (que viene a ser lo que da en llamarse sentido común), al preguntarle por qué no escribía, me respondió que a él le gustaba más leer. Pero claro, se estaba olvidando de que, para eso, alguien tiene que escribir. De manera que ya lo ven ustedes; el por qué y el para quién escribimos es cuestión de la personalidad o de la vanidad de cada cual. Créanme; las pretensiones económicas no existen o pronto desaparecen. Bien lo decía el satírico Quevedo: «El que escribe para comer, ni come ni escribe».