La isla de A Creba

Carmen Alborés. BUZÓN DEL LECTOR

NOIA

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E n medio de la ría de Muros y Noia, hay una preciosa isla, que vigila toda la ría, es la isla de A Creba. Yo la recuerdo antiguamente con muy poca vegetación, en cambio ahora está frondosa y llena de pinos verdes. Mis antepasados recientes vivían muy cerca de ella y me contaron que antes era considerada de dominio público, tenía una ermita con una virgen: Santa María da Creba, donde iba la gente de romería. Además la isla también la utilizaban para aislar a las vacas enfermas, pero decían que a veces se daba el caso de que algunas volvían ellas solas cuando se curaban.

Al contrario de la isla de la cruel Circe, donde moraba una hechicera maléfica que convirtió a los compañeros de Ulises en cerdos, A Creba estaba ocupada por una virgen salvadora, una preciosa imagen de granito que aún conserva restos de policromía pese a estar tantos años abandonada. Pero así como en Circe sus hierbas eran utilizadas para elaborar pócimas venenosas, las hierbas de A Creba tenían seguramente propiedades salvíficas, eso explicaría el motivo de la curación de algunas vacas.

Mis antepasados más remotos creían haber santificado la isla al bendecirla y sobre todo al haberle levantado aquella ermita, ya que según ellos, anteriormente estaba habitada por moros, princesas hechizadas y monstruos que hundían los barcos, incluso pensaban que el mismísimo diablo la había separado de la costa, por eso como a una hija huérfana, convenía santificarla para que no tener tan cerca una tierra pagana donde pudiese morar el maligno y ocasionar algún daño.

La isla hoy en día se la ve cuidada y preservada, un lujo que visto desde lejos a todos nos encantaría disfrutar. Yo me conformo con verla realzando con su presencia la belleza de la ría de Muros y Noia. Ella es seguramente la enamorada del monte Louro, el que la protege de las bravuras del océano para que las fuertes olas no mojen su vestido verde. Carmen Alborés. Outes