Cuestión de fe

NOIA

Recuerdo la primera vez que hablé con Luis Bonilla. Él entrenaba a los juveniles del Noia, y su discurso, al valorar a su plantilla, me llamó la atención por la fe que mostraba en sus jugadores, y eso que el equipo no alcanzaba los objetivos fijados al inicio de la temporada.

El pasado verano, en diferentes charlas con el presidente del club, José Caamaño, me expresaba las dudas que tenía para seguir un año más al frente de la entidad. Al poco tiempo, y ya con la decisión tomada de continuar, al menos, otra temporada, Caamaño me confesaba la fe ciega que tenía en el que iba a ser el nuevo entrenador del primer equipo, Luis Bonilla. El presidente era consciente del riesgo que implicaba poner en manos de un técnico de categorías base un vestuario que venía de jugar en Tercera y que, posteriormente, fue sometido a una profunda remodelación. «Ya verás, Javi, Bonilla lleva dentro un gran entrenador y confiamos en él plenamente», rezaba Caamaño, al que, una vez más, el tiempo ha dado la razón.

Y es que el Noia es la gran revelación de la temporada, igual que, hace dos campañas, lo fue con Joaquín Miguéns. Y todo ello estando la misma directiva, lo cual me hace razonar que algo tendrán estos dirigentes cuando, con el capital justo, son capaces de rehacer equipos con entrenadores de perfil aparentemente discreto pero que, apostando por ellos, demuestran que el balón no siempre baila al son del dinero y que el fútbol, muchas veces, es más una cuestión de fe que de poder.