Terapia

MAXI OLARIAGA

NOIA

DESDE FUERA | O |

23 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

CADA VEZ con más frecuencia se presentan atardeceres decaídos, jirones de tardes envejecidas que penden de las galerías del cielo balseando al ritmo del viento. Hoy norte, mañana sur. Entonces recuerdas que el médico, hace seis meses, te recomendó: «Camina, anda. En la villa de Noia tenéis el paseo marítimo. Tres o cuatro vueltas bastan. Respira hondo, profundamente, vuelve a casa, dúchate y verás como el corazón te lo agradece». De eso te acuerdas una tarde que derrite su agonía bajo las palmeras de la alameda y respondes al impulso. Te alejas del magnolio y de las rosas y ruedas Ferrador abajo, dispuesto para el camino ancho que refresca el corazón. Vislumbras el primer desasosiego. Un museo de cera itinerante bordea las orillas podridas de la ría, porque podridas están las labores que bordan las mareas. Aún así, la gente camina alegre, galopa casi sobre las baldosas siguiendo aquel consejo médico que tú habías olvidado. Eso es lo desastroso de tu vida. Todo el mundo hace lo que el médico dice, pero tú te acuerdas seis meses después, seis días antes de volver a la consulta. Te saludan, hola, hola, con un gesto de bienvenida al club y te sientes un intruso en aquel terreno. Un extraño en el paraíso. ¿Lo recuerdan? Caminas y andas bordeando la elipse hasta que te hallas con la mente vacía y, como un robot, contando tus pasos. Seiscientos tres, seiscientos cuatro... para librarte del mal recuerdas aquel beso de un amor esquivo, aquella caricia perdida en la pleamar. Pero no, no. Enseguida descubres que no haces sino contar pasos. Con el corazón limpio, aseado, higienizado, vuelves a casa y bajo la ducha intuyes que la mente flota en tu cabeza como una nube vacía... quizá sea lo que persigue tu médico. Que el corazón bombee regularmente sangre fresca y limpia, tanto que consiga que los pensamientos se vuelvan transparentes como cubitos de hielo. Sobre los baldosines te has dejado las pocas certezas que te quedaban, pero al doctor le presentarás un corazón oxigenado, abarrotado de burbujas vacías de besos y caricias.