Mazaricos sirvió más de mil raciones en una edición histórica que llenó el Campo da Feira y los restaurantes durante todo el fin de semana
02 mar 2026 . Actualizado a las 10:58 h.Una vez más, Mazaricos volvió a demostrar que cuando se trata de rendir culto a la tradición no tiene rival. Si en ediciones anteriores vecinos y visitantes tuvieron que desafiar el frío, el viento y la persistente lluvia invernal para degustar sus famosos bolos do pote, este año el cielo decidió dar una tregua. Por primera vez en muchos años, el sol brilló con fuerza en A Picota y ese factor resultó decisivo para que esta vigesimoséptima edición haya sido una de las más concurridas que se recuerdan.
Las previsiones más optimistas, que apuntaban a un millar de raciones, se cumplieron con creces. Los cinco restaurantes que este año protagonizaban el menú oficial —Asador Manduca, Restaurante Efe-Eme, Casa Jurjo, café bar A de París y Casa Pego— registraron llenos absolutos durante todo el fin de semana.
Otro tanto sucedió en la degustación popular del Campo da Feira, organizada por la Asociación de Amas de Casa y la Asociación de Veciños Monte Picoto, con la colaboración del Concello de Mazaricos.
En plato de cerámica
Los bolos se servían en un plato de cerámica de Buño a un precio simbólico de 3 euros y acompañados de trozos de panceta, oreja y chorizo. La cola de personas que aguardaban para probarlos atravesaba prácticamente toda la plaza, reflejando el interés de vecinos y visitantes por disfrutar de esta tradición gastronómica única en la comarca.
La cita no solo atrajo a vecinos de Mazaricos, también se dejaron ver personas llegadas de concellos limítrofes e incluso de puntos bastante más alejados de la geografía gallega. Entre ellos muchos jóvenes que habían oído hablar de los bolos do pote pero nunca los habían probado. Aprovecharon la jornada para descubrir de primera mano este plato tradicional, imprescindible en las mesas de antaño. De hecho, uno de los alicientes de la degustación fue la de comprobar el vivo la forma de elaboración de los bolos, desde su amasado en la tradicional artesa hasta su cocción en el caldo hirviendo.
Un año más, Mazaricos cerró el carnaval a lo grande, con una fiesta que, lejos de haber tocado techo, sigue creciendo y apuesta por un plato que, aunque sencillo, es el vivo reflejo de la tradición, la memoria colectiva y el orgullo gastronómico de la comarca.