MAXIMALIA
14 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.CUANDO YO era niño, el álbum de cromos era un ritual. Un Irureta podía cotizar tres Kubala y uno sabía que un Maguregui lo podías encontrar regalado en Murcia. Ahora han perdido aquella misteriosa contumacia que te hacía rellenar la cuadrícula vacía de Acuña o de Gaitos, aunque tuvieses que quedarte sin cine o sin dar una vuelta en las voladoras. Se me ocurre que para autofinanciarse, los partidos políticos podrían editar sus álbumes y, con una sutil publicidad, convencer al ciudadano del éxito de completarlo. Imagínese usted: «Oye, te cambio un José Vicente por tres Colomer». «Venga ya, a mí lo que me interesa es un Romero. Lo cambio por cuatro Maceiras». Y así hasta el 25. ¡Cuántas falsas promesas y mítines se ahorrarían los políticos con los ciudadanos sumergidos en la obsesión cambiaria! ¡Y qué emoción impagable cuando consigues cerrar el álbum con un concejal reserva de la lista de Lousame! ¡La envidia del barrio!