Todo sucede

Emilio Sanmamed
Emilio Sanmamed LIJA Y TERCIOPELO

BARBANZA

Foto de archivo de los fuegos artificiales de las fiestas de Ribeira
Foto de archivo de los fuegos artificiales de las fiestas de Ribeira MARCOS CREO

Nos pillan las fiestas y el pueblo adquiere el color de la pólvora

30 jul 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Antes que las bombas de palenque llega la polémica sobre si las bombas molestan a los perros. A mí no me gustan, cada vez soy menos de whisky y más de husky. Así nos pillan las fiestas, como siempre, discutiendo: bombas o perritos, Barça o Madrid… Pero llegan, y el pueblo adquiere el color de la pólvora: ese gris azulado que anuncia fuego antes de que estalle. Luego todo sucede: el de la Panorama afinando la trompeta y las luces intentando provocarte un ataque epiléptico.

Y entre tanta excitación sensorial, se acentúan las ausencias. En un pueblo donde todos hemos jugado en un campo de minas con una pelota reventada, nos falta Suco, que estará ahora presionando a DiStefano en el cielo. Al decir su nombre pasa de boca en boca, como una brasa, se enciende un instante y marcha con itinerario de luciérnaga.

La verbena es un rito antiguo y alegre, ofrenda de luz, noria de colores. Es la noche de todos los que ya no están y la noche de los que aún bailan; Ribeira, al ascender en el Saltamontes, es el centro exacto del mundo. Los niños pedirán una vuelta más, parejas se besarán entre canciones imposibles. Todo sucede.

En fiestas la alegría nunca derrota del todo a la tristeza, pero la tristeza tampoco vence a la alegría. Al estallar los fuegos, el cielo entero, negro y morado, se teñirá con la sangre de los colores por un instante y parecerá que no hay brillo más potente que la de los artificios. La luz de la pólvora dura un segundo, la de los que nos faltan dura todo el año. Mientras los nombremos seguirán sucediendo. Celebrar es no olvidar. Celebrar es acordarse.