El coloquio de los perros

Carmen Alborés CON CALMA

BARBANZA

Perros acogidos por una protectora de Teo de paseo en un parque
Perros acogidos por una protectora de Teo de paseo en un parque PACO RODRÍGUEZ

Pili y María hoy también quedaron con sus mascotas Tintín y Laika en un parque, sus canes también tenían la capacidad de hablar

10 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Una de las novelas ejemplares de Cervantes es El coloquio de los perros, donde los canes Cipión y Berganza poseen la facultad de hablar y durante una noche se cuentan las andanzas de sus anteriores vidas, y hablan de los amos a los que sirvieron. Pili y María hoy también quedaron con sus mascotas Tintín y Laika en un parque. Sus canes también tenían la capacidad de hablar y cuando se juntaban se alejaban y hablaban en voz muy baja, aun sabiendo que el oído humano no era tan fino como el suyo. Comenzaron hablando de sus visitas al veterinario, sus sesiones de lavado y peluquería, pero hoy habían quedado para hablar de otras cosas.

Tintín contó que su ama se preocupaba mucho por su bienestar emocional y no dudaba en tenerle en su casa todo tipo de productos para perros, cosméticos, juguetes interactivos, como pelotas y huesos, su caseta y su transportín, también correas y arneses para cuando salían de viaje, sin olvidar sus chubasqueros, abrigos, calzado protector, gafas, collares, placa identificativa etc.

Laika le contó que tenía su propia alfombrilla y su colchón para dormir, un localizador GPS por si se perdía, y que la comida que le daba su ama, venía en unas latas y que consistía en pollo en gelatina, atún con gambas en caldo, pechuga de conejo etc.

Ambos comentaron que habían oído hablar de otros perros que vivían casi libres, que cazaban en el monte y que corrían con una rehala, otros que tiraban de pesados trineos, también los había que colaboraban con la policía en ciertos casos, o que cuidaban de enormes rebaños de ovejas. También sabían que antiguamente muchos participaban en las guerras, incluso Laika comentó que una antepasada suya había viajado al espacio.

Ambos perros coincidían en que a veces les era difícil entender las palabras que les decían sus dueñas, aunque eran capaces de interpretar sus estados emocionales. Comentaron también que cuando se veían con otros perros se olían entre ellos, pero con algunos, tenían que ladrar furibundos y enseñarles los dientes amenazantes, suerte que sus dueñas tiraban de sus correas. En lo que estaban de acuerdo era en el odio que ambos tenían hacia los sonidos muy fuertes como petardos, bombas etc. y el daño que les producían en sus oídos. También comentaron el miedo a sufrir un maltrato o abandono por parte de sus dueñas.