Quien abraza la lluvia

Emilio Sanmamed
Emilio Sanmamed LIJA Y TERCIOPELO

BARBANZA

MARCOS CREO

11 sep 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Los días de septiembre se desperezan como el telón de un teatro que oculta misterios que nunca serán del todo revelados. Fue en una de esas mañanas cuando la vi de nuevo, pasando por delante de la farmacia. No pude adivinar su edad, su mirada no era la de una niña ni de una mujer, más bien me recordó a la mirada de un ciprés: tranquila, profunda y conectando dos mundos. Me llamó la atención, llovía y llevaba el paraguas cerrado.

La había visto antes, también lloviendo, llevaba un paraguas que jamás se abre. Uno puede preguntarse si teme a la lluvia, pues siempre lleva paraguas o si, al contrario, la disfruta; pues no lo abre ni aunque el cielo amenace con desgarrarse. En esa obstinación ridícula se basa el mito de Sísifo, que cada mañana tiene que empujar una piedra a lo alto de la montaña, piedra que cada día al llegar a la cima baja rodando.

La mujer que, como tantas mujeres, arrastra el cansancio de generaciones enteras, no se veía en absoluto abatida. Firme en el talle, endereza el paraguas cerrado y mira de frente al vendaval, como efigie viviente de que la grandeza no consiste en vencer, sino en aceptar la herida y caminar con ella, la medalla invisible.

Y yo, que después de cada derrota —y son muchas— solo encuentro la levadura de la redención en gestos humildes, contemplé en cada paso suyo negándose a abrir el paraguas la victoria secreta de decir: sí al dolor y sí a la risa, sí a abrazar una vida entera sabiendo que siempre volverá a llover. Nunca he visto una estampa de Santa Uxía donde llevase paraguas, pero creo, creo… que era ella.