Delicatesen

Alicia Fernández LA CRIBA

BARBANZA

Imagen de un hombre comiendo un helado.
Imagen de un hombre comiendo un helado. Jorge Zapata | EFE

29 ago 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

La evolución de los precios desde la entrada del euro como moneda oficial en la Unión Europea es digna de estudio. Una vez rematada, lo suyo sería hacérnoslo ver por especialistas y adoptar las medidas necesarias para corregirlo. En eso casi estábamos cuando una pandemia mundial le dio un giro a nuestra civilización y a nuestra forma de vivir, imprimiendo una nueva aceleración en los precios.

Hace unos días La Voz de Galicia publicaba un trabajo periodístico de indudable valor que analizaba la curva de precios de los helados en los últimos años. Un auténtico disparate. Prácticamente han duplicado su coste en diez años. A lo cual añado: casi han disminuido de tamaño tanto como han aumentado de precio, imponiéndose el formato más pequeño que antes estaba reservado a supermercados.

Una operadora del sector achacaba ese espectacular aumento al crecimiento de los costes de energía, mano de obra y azúcar. Pero ninguno de estos ha duplicado su precio en el mismo período. Tampoco hizo referencia a que una parte del helado que comemos es aire y, a saber, sigue al mismo precio. Con lo cual podríamos resumir en aquello de «¡alto, manos arriba! ¡esto es un helado!».

Con los precios actuales, comprar unos helados a tres niños supone desembolsar casi diez euros. O que para tomarse dos bolas de helado en una tarrina de papel tengas que soltar seis euros… ¡la mitad de un menú del día en bastantes sitios! Los precios se han disparado tanto en el sector artesanal como en el industrial y llevan camino de convertir a este producto en un capricho caro.

Eso sí, no es el helado el único que se ha disparado.