Cuántos sueños truncados guardarán en silencio las paredes de la extensa cadena de bajos vacíos
23 jun 2025 . Actualizado a las 14:00 h.Cuántos sueños truncados guardarán en silencio las paredes de la extensa cadena de bajos vacíos que encontramos al caminar por las calles de cualquiera de los municipios de Barbanza. En breve se sumará otro más, el de una mujer luchadora afincada en Ribeira que logró sobreponerse al cierre forzoso del covid y que en los últimos años no ha dejado de pelear ni un solo día para mantener a flote su negocio.
Un incremento del precio del alquiler sin anestesia, la falta de relevo generacional y los palos que la legislación pone en el camino de los autónomos le obligan a desprenderse de todo lo que durante diez años ha construido con dedicación y conocimiento, ganándose una fundada reputación. En este caso me pilla de lleno, porque cuando miro alrededor veo el esfuerzo que sé hay invertido en ese local en el que yo, como usuaria, he sudado, reído y aprendido a conocer las fortalezas y debilidades de mi cuerpo.
Una vez tomada la difícil decisión, ante la imposibilidad económica de continuar adelante, ella repite con insistencia: «Nunca más volveré a ser autónoma». No está dispuesta al cierre de su vida laboral, pero será si otros quieren incluirla en su equipo.
Hace unos meses, hablando con un autónomo noiés curtido en mil batallas, le preguntaba yo por una directriz que afecta al sector y que se me antojaba injusta y desmedida. Sus frase fue tan corta como gráfica: «Bienvenida al mundo de los autónomos».
Cuando un autónomo cae se rompe también la cadena de muchos otros. Porque un autónomo ofrece un producto, un bien, un servicio, pero también contribuye a que existan otros que son como él.