«Un día ese profesor nos abrazó por la espalda y notamos su erección»

Christopher Rodríguez
Christopher rodríguez RIBEIRA / LA VOZ

BARBANZA

El boirense denunció ante la Guardia Civil un supuesto caso de agresión sexual de un profesor.
El boirense denunció ante la Guardia Civil un supuesto caso de agresión sexual de un profesor. MARCOS CREO

Un boirense denuncia una presunta agresión sexual por parte de un docente

08 ago 2023 . Actualizado a las 11:15 h.

La tranquilidad de saber dónde y con quién está su hijo es algo de un valor incalculable para cualquier padre. Conocer que en ese lugar y en dicha compañía está completamente seguro, multiplica las garantías. Los centros educativos suelen ser uno de estos remansos de paz para cualquier progenitor, aunque, en ocasiones, pueden llegar a convertirse en el origen de la peor de las pesadillas para los más jóvenes.

Leo Luque, Lucía en el momento de los hechos, (ambos nombres ficticios) denuncia haber vivido un suplicio cuando cursaba los estudios secundarios en Boiro. El motivo, unos presuntos comportamientos que podrían ser constituyentes de un delito de agresión sexual por parte de un profesor. Los hechos por los que el joven ha tramitado una demanda ante la Guardia Civil habrían empezado a sucederse cuando tenía 12 años. Una década después, asegura que algo se rompió en su interior, tomando conciencia de lo sucedido.

«En ese momento no me daba cuenta de lo que pasaba porque lo veía con una mirada inocente. Ahora he visto en retrospectiva la situación y se me rompieron todos los esquemas. Revisé todo lo sucedido y me quedé impactada. Tengo pareja y estuve casi un mes sin dejar que me tocase y durmiendo separados por la conmoción», explica Leo.

Pero, ¿qué pasó en ese instituto para que el joven quedase así de afectado? Lo sucedido, solo él puede saberlo, pero lo que es seguro es que su narración es tan nítida como las lágrimas que cayeron de sus ojos el día en el que todas las piezas le encajaron.

Según explica, todo empezó poco a poco, de forma casi imperceptible. Su admiración por el profesor, dice, cegaba unos hechos que ahora denuncia ante las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado: «La primera situación rara fue con una amiga en el pabellón del centro. Él nos abría la puerta para que jugáramos y a veces se metía también. En ese contexto, un día ese profesor nos abrazó por la espalda y notamos su erección. Lo dejamos pasar, éramos críos y nos reíamos de todo».

Situación delicada

Siguiendo con su relato, Leo asegura que eso tan solo fue el principio. Tras este episodio, llegado el final de la época lectiva, la situación en el núcleo familiar del joven boirense se complicó. La debilidad, fue uno de los motivos que, según comenta, le llevaron a permitir que dicho profesor se le acercase más debido a que lo consideraba un apoyo en esos tiempos de zozobra.

«A veces me llevaba para casa en su coche. Dábamos una vuelta para que hablase y me desahogara con él. En varias ocasiones íbamos a una parte de la carretera en la no pasaban coches, con árboles que lo tapan todo. Paraba el vehículo, lo aparca y de repente me pedía un abrazo. Yo no quería dárselo pero él insistía. Le decía que no, pero hasta que no se lo daba no me llevaba a casa», comenta el boirense.

Lo habitual en casos de este tipo es que la relación entre ambos sujetos también se prolongue al mundo cibernético. Esto, siempre según el testimonio de Leo, lo sufrió en sus propias carnes, ya que, además de los hechos que comenta, el correo electrónico era otra de las bazas que el docente utilizaría para sus propósitos: «A través de internet las cosas se subían de tono. Me llamaba cosas como ‘sol’, ‘cielo, ‘bollito de nata’, me dedicaba poemas... También me proponía que fuese a su casa y otras cosas por el estilo».

Con la denuncia tramitada por lo que habría ocurrido cuando tan solo era un niño, Leo Luque vive con la rabia de haber guardado silencio durante tantos años. La legislación, en caso de que los hechos se demuestren como ciertos, le ampara, pero el daño ya está hecho. «Debí haberlo denunciado antes. Mi pareja me apoya, pero la gente más adulta y alguno de mis amigos no tanto. Muchos no quieren declarar como testigos», explica.

La historia estremece si se escucha directamente de su boca y, sea lo que sea lo que ocurrió durante esos años, ya no hay vuelta de hoja. Ahora, le toca a la Justicia dictar sentencia.

El comportamiento de los menores es clave para detectar posibles abusos u otros problemas

Grano a grano se hace granero reza un dicho popular que viene muy al caso para los hechos que Leo Luque denuncia. Según él, esto no fue de la noche a la mañana y había actitudes que daban señales de lo que estaba ocurriendo: «Me guiñaba el ojo en clase, intentaba que otros profesores me subiesen las notas, me sonreía y hasta intentaba llevarme a solas a su despacho siempre que podía». Además, relata que sus compañeros de clase se percataban, metiéndose con él a raíz de la estrecha relación que tenía con el docente.

Las situaciones que denuncia este joven boirense son sumamente complejas y evitarlas es la mejor solución para evitar males mayores. Los adultos son los encargados finales de detectar que algo no va bien en el entorno del menor, y así lo destacan desde la Guardia Civil.

Algunos consejos

En este sentido, desde el instituto armado explican que as conductas y comportamientos externos, tienen que ser valorados por un especialista y deben tenerse en cuenta a la hora de apreciar un posible abuso de menores.

Entre otros aspectos se debe prestar especial atención a los cambios extremos de comportamiento, principalmente los relacionados con la pérdida del apetito, el miedo a la oscuridad o los llantos excesivos. También es relevante que el menor muestre un rechazo exacerbado por acudir al centro educativo, que se autolesione o tenga accidentes recurrentes, así como que tenga miedo de una persona específica.

Una vez se tiene conciencia de los hechos, lo más importante es, lógicamente, denunciar lo sucedido. La demanda tendrá, por lo general, un tratamiento de máxima prioridad por parte de los cuerpos policiales.