Lo ocurrido en Barbanza con el retraso en la toma de posesión de las nuevas corporaciones ha sido un cúmulo de despropósitos de principio a fin. A ver, que es lícito que el PSOE hubiese reclamado que se revisasen los votos nulos, puesto que estando tan cerca de la orilla —solo le hacían falta 11 papeletas más—, todo el mundo quiere meterse en el mar para conseguir ese ansiado diputado. Pero faltaba una prueba de peso para que la junta electoral local les diese la razón: que en alguna mesa de la comarca se hubiesen denunciado presuntas irregularidades en el recuento.
No fue así, y los socialistas quisieron seguir probando suerte, y dieron un paso más elevando su reclamación a la junta electoral central. Lo que se podría haber solucionado rápidamente diciendo que no tenían razón, les ha llevado casi una semana, y eso a pesar de que muchas personas les recordaron que hay un plazo establecido de tres días para enviar las actas de los nuevos concejales para que las corporaciones se constituyan.
Pero el baile de los despropósitos continuó marcando sus ritmos. Ante la falta de respuesta de la junta electoral central, los concellos se confiaron y fueron convocando las sesiones de investidura, pensando que no podrían hacer una gambada tan monumental de dejar que no se conformaran las corporaciones de nueve concellos. Pero, ¡oh sorpresa!, el culmen de las meteduras de pata existe, y esta vez ha sido una de las buenas.
Hasta el 7 de julio no habrá alcaldes en estos ayuntamientos, en algunos de los cuales se aprovechará para eternizar las negociaciones sobre posibles pactos de gobierno.