Dudo que exista alguien a quien no le esté rozando la amenaza del cáncer, sino de forma directa, a través de un familiar, un amigo, un conocido... A medida que pasan los años parece que el círculo se estrecha más y entonces el miedo va en aumento. Las estadísticas están ahí y las previsiones que manejan los especialistas en la materia hablan cada vez de porcentajes más altos de personas que sufrirán el verdadero mal del siglo, nada comparable, por lo menos visto a toro pasado, con el coronavirus que tanto revuelo causó.
El cáncer no solo es sinónimo de miedo, sino también de sufrimiento. Quienes lo padecen se ven inmersos en una dura batalla de la que cada vez son más los que salen vivos, pero pocos los que consiguen escapar ilesos. La guerra afecta física y psicológicamente a quienes la están lidiando, hasta el punto de que hay quien se plantea tirar la toalla. Pero ahí están, para dar ánimos y para empujar, familiares, amigos y un batallón de voluntarios organizados al amparo de la enorme Asociación Española Contra el Cáncer, siempre dispuestos a ayudar, a brindar consejos y experiencias.
El próximo miércoles se conmemora el día de la lucha contra el cáncer de mama. Mucho ánimo desde aquí para quienes lo padecen y también para los que sufren cualquier otro cáncer. Deben pensar que mientras hay vida, hay esperanza y, por pequeña que sea, vale la pena aferrarse a ella para seguir luchando. Quienes han ganado la batalla deben servir de ejemplo, pues demuestran que el sufrimiento compensa cuando hay una segunda oportunidad.