El morbo de la Iglesia

Tucho M. Betanzos. BUZÓN DEL LECTOR

BARBANZA

07 abr 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

La Iglesia tiene sus dogmas. El sábado, el celebrante mandó apagar las luces y cerrar las puertas para que no entrara luz y así quedar a oscuras durante unos breves minutos. Un caballero va y la abre, amenazando con llamar a las autoridades si se volvía a abrir y se interrumpía la misa. No era lugar para la pelea y lo dejamos hacer.

En el mercado municipal de Ribeira a menudo hay gente aglomerada, tropezando unos con otros en los estrechos pasillos, las puertas de cristal cerradas, y este señor ni nadie va allí y amenaza con parar la faena si no se cumplen las normas. En todo este tiempo de pandemia, ni a media docena he llegado en la compra de pescado y cuando lo hice espere en la puerta a que lo limpiaran. Este señor, además concejal, no pregunta dónde esta el guardián o encargado de la plaza que lo relevó. La Iglesia produce mucho morbo.

En el pasado no hacia más que contarnos que un señor veraneante salió en defensa de un niño al que el cura le llamó la atención, recordándole en plena misa: «Dejad que los niños vengan a mí», y se marchó. Un día se lo dije al finado del párroco y me dice que no se enteró.

Unas Navidades, este caballero me pide si le acompaño a ir a besar al Niño Dios. Al llegar a la altura de Santa Rita, le digo: «Ves este banco quemado por un niño del catecismo con una vela», me dice: «¿Y la catequista dónde estaba?» Quería echarle la culpa a la catequista que a veces no viene, ¿ese niño es de esos de dejad que los niños venga a mi? Me dice: «No». Y aquí, en este otro banco, estaba escrita la palabra puta, que mandaron borrar rascando el barniz. ¿Este niño lo es?. No, tampoco, me contesto.

Bueno, vamos a besar al niño Jesús que ya nos toca y que tanto interés tienes; y nunca mas me volvió a decir eso del veraneante. Hasta Satanás se valía de lo divino para tentar al mismo Jesús. Lo que haya que decirle a un celebrante debe ser antes o después de la celebración. Qué puede opinar de la Iglesia el que no lee las sagradas escrituras. La religión es cuestión de fe no de razón, al igual que la brujería, pero haberlas, haylas. Tucho M. Betanzos.