Fútbol, ¿talento o perseverancia?


Decía Albert Camus que «todo lo que sé con mayor certeza respecto a la moral y a las obligaciones de los hombres se lo debo al fútbol». Fue en los campos de su Argel natal, con un balón de por medio, donde entendió que las metas más importantes que nos marcamos necesitan esfuerzo. También, que hace falta el apoyo de otros para lograrlas y que en la vida, como en el deporte rey, aceptar la derrota forma parte del juego. No queda otra.

Recuerdo a un buen profesor que mantenía la misma filosofía que el escritor francés. Aseguraba, tajantemente, que a partir del fútbol se podía entender el mundo entero. Por poner un ejemplo, defendía que había demostrado que la tecnología había llegado para ayudarnos y hacernos la vida mejor, simplemente porque antes si estabas adormilado en la grada del estadio podías perderte el golazo del siglo. Y que ahora, gracias a la televisión, el problema se había acabado.

Para mí el fútbol explica otro debate. No es demasiado importante, pero ha ‘dividido' a la sociedad durante siglos. ¿Qué es más importante, el talento o la perseverancia? ¿Nacer con un don o compensar nuestras carencias a base de horas de práctica y trabajo? Hay dos países que viven en esa dicotomía. Por un lado Brasil, el país más laureado del mundo y cuna de talentos incalculables, pero casi siempre efímeros. En el otro, Alemania, con cuatro mundiales gracias a jugadores normalmente toscos que hacen de la batalla y la intensidad su juego. Si duda entre las dos opciones, recuerde el 7-1 del Mundial de Brasil del 2014. Hace falta una cantidad ingente de talento para superar a una persona a la que no cansa la perseverancia.

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