Como un auténtico todoterreno musical. Así aterrizó este viernes Mikel Erentxun en la boirense plaza de A Boqueira de A Negral, donde protagonizó un concierto en el que predominaron sus éxitos en solitario, pero en el que tampoco faltaron los temas clásicos de la banda del que fue líder, Duncan Dhu. Así, armado con sus guitarras y su icónico sombrero, el cantautor vasco arrancó con los acordes de Pidiendo pista para calentar el terreno para La vereda y Mañana.

Hubo que esperar para que el público pudiese disfrutar de Rozando la eternidad, el preludio perfecto para Pleno sol y la serie de temas para los que se puso ante el piano. A las teclas interpretó Imagino y el Detalle del miedo. Tampoco faltaron Cicatrices ni un cierre con Carta de amor que encontró su mejor posdata posible en los esperadísimos bises que evocaron a Duncan Dhu.

Los dos centenares de asistentes vibraron y lo dieron todo cuando comenzó a sonar Esos ojos negros. Pero nadie le hubiera perdonado a Mikel Erentxun que abandonase Barbanza sin hacer sonar Cien gaviotas.

Por otra parte, una buena parte de los asistentes aplaudieron el protocolo para prevenir contagios de covid que se articuló durante el concierto. A medida que iban accediendo al recinto, todas las personas debían sentarse en su correspondiente asiento con la mascarilla y no podían levantarse sin avisar previamente a un técnico de seguridad de la organización.

Otra actuación

La de Erentxun no fue la única actuación que arrasó en la noche del viernes en Boiro. Ortiga congregó a un centenar de amantes de la cumbia en A Pousada da Galiza Imaxinaria, en un directo que, al igual que el del artista vasco, reunió a público de distintos perfiles.

Desde jóvenes disfrutando del concierto a varias parejas de mediana edad que no dudaron en echarse un baile.

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Mikel Erentxun enamoró a los boirenses