Sequía cultural

María Xosé Blanco Giráldez
María Xosé Blanco CARA Y CRUZ

BARBANZA

Por uno u otro motivo, está comprobado que la cultura es uno de los sectores que siempre resulta más perjudicado ante las adversidades. No se suele meter en el saco de los bienes esenciales, aunque para muchos lo sea, y por lo tanto a pocos le duele la mano a la hora de aplicarle recortes o de prolongar un paréntesis como el actual. Es cierto que, ante un imprevisto como el del coronavirus, podía pensarse en un primer momento de la desescalada que había otras prioridades, pero a estas alturas, nada parece justificar esta sequía cultural que sufre Barbanza y que probablemente se extienda a lo largo y ancho de Galicia.

Ahora que las playas pueden recibir bañistas, los parques niños e incluso hay quien no duda en agolparse en las terrazas, sería oportuno que también en el ámbito cultural se instaurara la nueva normalidad. Al fin y al cabo, no estamos hablando de actividades en las que se corra el riesgo de importantes aglomeraciones, pues salvando las citas más importantes, la cultura no es un fenómeno de masas.

Nada impide, en principio, que teatros y auditorios vuelvan a abrir sus puertas, e incluso podrían sumarse, para ofrecer más garantías, espacios al aire libre, sobre todo ahora que se acerca el verano. Solo falta, para que la maquinaria cultural entre de nuevo en acción, la buena voluntad de los concellos. Puede que determinados gastos se consideren excesivos si hay que limitar el aforo, pero la cultura, como la educación o los servicios sociales, no debe plantearse en términos de rentabilidad económica.

Barbantia ya abrió el camino, ahora le toca a los concellos sumarse a la ruta.