Hace unas semanas en las páginas de La Voz de Galicia en Barbanza se daba cuenta del abandono de los contenedores de basura subterráneos por los problemas técnicos y de mantenimiento, de como una inversión de más de un millón de euros se iba a la basura, nunca mejor dicho. Y claro, una, desde su ignorancia en estos y otros temas, se pregunta quiénes fueron los técnicos que firmaron semejante despilfarro, porque los políticos a quienes se la endosaron sí los conocemos. Con los malos hábitos del respetable y las condiciones climatológicas de estos pagos la tragedia se mascaba desde el principio.
En los países con mayor sentido de lo público y con más educación cívica, hace bastantes años que se han dado cuenta de que los servicios deben ser dimensionados de forma razonable, pues de lo contrario exigen cada día más impuestos. Para ello fijan unas obligaciones claras de los vecinos, evitando que unos pocos generen costes extras a la mayoría. Por ejemplo, en el servicio de recogida de basuras no encontrarás contenedores subterráneos ni las calles llenas de recipientes malolientes.
Lo habitual son los cubos personales identificados que se sacan a la calle solo en el momento oportuno. La frecuencia de recogida es más baja en los orgánicos (dos o tres días a la semana como mucho) y en plásticos, cartones y vidrio una vez al mes. Por supuesto que el reciclaje y la separación es comportamiento habitual. Si no lo haces, la multa es segura, y hasta tu vecino puede afearte en caso contrario.
Para eso hay que educar, fijar normas claras y hacerlas cumplir. Trabajar, vamos. El premio es un menor coste del servicio.