No sé de qué escribir


La verdad, no se me ocurría sobre qué escribir esta semana. Estaba en blanco. Descubrir un tema para opinar es parecido a la búsqueda de la felicidad: el principal impedimento para hallarlo es la obsesión por encontrarlo. Así que puse en Google «no sé de qué escribir». En 0,45 segundos, 298.000.000 resultados. Está bien saber que no me pasa a mí solo. Le eché un ojo a las primeras entradas. Horribles. Una recua de lugares comunes con el tono de panfleto de autoayuda que reverbera tanto y tan mal en el mundillo de los escritores. «Sobre todo, sé tú mismo». Sí, ya, gracias.

Tan solo escribo una columna semanal, no sé cómo me cuesta encontrar sobre qué escribir. Cuando era adolescente tenía tantas opiniones… tanta claridad y, sobre todo, tanta razón; era casi el faro moral de occidente. Sin embargo ahora cambié yo o cambió el mundo, que poco sé, menos entiendo y casi nada opino.

Curiosamente, tengo amigos por Wasap a los que las opiniones se les caen, les brotan solas cual musgo. Yo tengo que sentarme y apoyar la mano en la frente para parir una opinión en 300 palabras para la fecha de entrega. Como un estreñido haciendo fuerza. A ellos, cuando pasa algo, ya sea el coronavirus o los presupuestos para educación, se les pone cara de ministro y opinan a quemarropa. Es más fácil opinar cuando uno quiere que cuando uno debe.

Por cierto, titulé así este artículo a propósito. A ver si ahora la próxima vez que alguien ponga en Google «no sé de qué escribir» le sale esta columna que escribí porque no sabía de qué escribir. Sería irónico, creo.

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