Supongo que, si no son ustedes anacoretas, habrán escuchado esta semana hablar sobre algo llamado el pin parental.
Este término se aplica por lo general al número de cuatro dígitos que los progenitores usan para restringir los canales de televisión que no quieren que vean sus hijos, pero los genios del márketing de Vox lo han empleado para algo bien distinto.
Resulta que para sacar adelante el acuerdo de gobierno en Murcia entre Ciudadanos, el PP y Vox, estos últimos exigieron para dar su apoyo a la investidura aplicar el denominado pin, que no es otra cosa que un eufemismo para no decir vetar lo que no me gusta que enseñen a mi hijo.
Después el señor Casado, para desviar la atención sobre semejante atrocidad, empezó a despistar con que si mis hijos son míos, que si los adoctrinan en las escuelas… de Vox esto no sorprende; y de Casado pues ya casi que tampoco. No hay más que leerse la carta magna para saber que los niños no son propiedad de nadie porque no son un teléfono. Es más, si usted no cuida a sus hijos como mínimamente debe, el estado tiene servicios sociales que se encargarán de ellos. Usted puede hacer lo que le plazca con su frigorífico, no así con los chiquillos.
Lo que le faltaba ahora a los profesores es dar las materias a la carta, como les guste a los papás y mamás de los nenes; ya algunos van poco educados de casa como para poder darse el lujo de prescindir de más clases. Si quiere que sus hijos reciban las clases como a usted le gusta y aprueben sin esforzarse ya tienen la escuela privada para eso. Rásquense el bolsillo y dejen de molestar.