Refranero


Hay quien sostiene, sin aceptar discusión al respecto, que el refranero popular es un acervo de sabiduría infalible. Si bien es cierto que la multitud de refranes que poseemos vienen de la experiencia vital de decenas de generaciones, creo firmemente que en este asunto la excepción, lejos de confirmar la regla, desmonta esa afirmación. Es decir, este año marzo mayeó pero mayo no marzeó. No sé si me explico, pero a buen entendedor bastarán estas palabras.

Con todo, es de justicia darle el alto valor de acierto que el refranero posee y es lícito preguntarse si en verdad lleva agua (o cualquier otro hediondo líquido) el río cuando suena. A ver si va ser cierto que pensando mal acertaremos; que de tanto ir el cántaro a la fuente termina por quebrarse o que acostándose con niños acabas empapado… esta última roza ya el límite de la corrección, así que haga oídos sordos a mis palabras necias.

Por mi parte procuraré no ser como el perro del hortelano y trataré de ponerle pecho a mis hechos, obligándome siempre a no hacer leña del árbol caído, no al menos hasta saber si es merecedor de morir con el mismo hierro que mató.

Y como no hay tonto que no se tenga por listo, es preferible ser como la mujer del Cesar, que no solo debe ser discreta, si no también parecerlo. Ya saben que, tal es mi caso, el que mucho habla, mucho yerra.

Pero vaya, no se preocupen por que no hay mal que cien años dure pues precisamente para eso está el tiempo, que con su paso todo lo cura; que a cada cual pone en su lugar y que al final nos deja a todos calvos.

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