A lo largo de esta legislatura he podido observar semana tras semana, sin descanso, un sesgo hacia Unidos Podemos (UP) impropio de muchos medios de comunicación en una democracia. Sin ser yo fan de Iglesias, me veo en la obligación de recordarlo porque, excepto los más hooligans, es imposible negar que no se le mide con el mismo rasero que al resto de partidos. ¿Recuerdan las cocacolas de Espinar?
Obviar que la formación morada ha tenido incongruencias y contradicciones sería de necios. Pero intentar equiparar la podredumbre política de este país en los últimos años con un partido que ha renunciado a muchas prebendas tradicionales no es justo.
Hace poco salía en varias portadas la polémica de un cartel, desafortunado pero en el fondo irrelevante, con la vuelta de Iglesias a la política. Una cagada y, sin embargo, se me antoja poca cosa si lo comparamos con la imputación, hace unos días, de Teresa Mallada, candidata a la presidencia de Asturias por el PP, por cesión irregular de terrenos, o con la investigación a Begoña Villacís, candidata a la alcaldía de Madrid por Ciudadanos, por un supuesto fraude inmobiliario de más de dos millones de euros, o incluso las sospechosas primarias de los de Rivera.
De nuevo, es probable que si uno no está inmerso en esto de las redes sociales y sigue los medios de información tradicionales no se haya enterado de nada. Quizá sí de lo del líder de Vox en Lleida, que ya está entre rejas por abusar de discapacitados, pero poco más. No se está siendo justo con los bolcheviques, que bastante tendrán ya los pobres con arder en el infierno.