Despolarizar


Serán los anuncios de turrones o que me están bajando las defensas, pero hoy escribir en favor de la concordia, fíjense. Esta semana el diputado canario de Unidos Podemos Alberto Rodríguez -ese tan alto de rastas al que llamaron sucio piojoso, perroflauta y las de Caín cuando llegó al hemiciclo- despidió en el atril al diputado del PP Alfonso Candón, elegido ahora en Andalucía, calificándolo de «buena persona»y de que «da calidad humana al hemiciclo», desatando así un momento inverosímil en los últimos tiempos de aplausos, abrazos, besos y palmaditas en la espalda.

Se ha convertido en una noticia de cierta trascendencia y es una lástima. No debería ser así. Todos tenemos amigos en las antípodas de nuestra forma de pensar. Si no los tiene usted, hágaselo mirar. Bien cierto es que yo no deseo ser amigo de alguien que se declara abiertamente machista, xenófobo y homófobo. Poco tendría yo que hablar con esa persona, porque desde mi punto de vista alguien que piensa de esta manera no es buena gente. Allá su conciencia amigo, pero si ha votado a Vox conociendo su programa perdone, pero no lo siento a mi mesa ni para recoger los platos.

Supongo que para avanzar hay cosas que debemos cambiar. Aceptar que los tiempos mudan y que tras nosotros vendrán otros que tendrán que vivir. No solo importa nuestro estado de bienestar o nuestra cuenta corriente.

En fin, divago. Lo que está claro es que ni que todos los de derechas son franquistas disfrazados ni que todos los de izquierdas son bolcheviques comeniños (aunque me han contado que a la plancha están buenísimos).

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