Alcoas y demás


Como estamos en un país donde llevamos mareando las mismas perdices -aunque con distinto plumaje- unos quinientos años, quizás lo que está ocurriendo con Alcoa tan solo nos dé, como es costumbre, para un cabreo patriótico de dos días, veinte de algaradas callejeras y, si se lo montan bien, añadir a nuestras maltrechas arcas la dependencia de 2.200 nuevas personas. Vía ayudas a un nuevo dueño o del sustento social. Porque no tenemos remedio de lo mediocres que somos. Si usted pilla los datos de empleo de la UE se encontrará que en España las grandes empresas -esas que tienen leyes y ayudas a su medida- solo generan el 25 % del empleo. Muy lejos de los países más desarrollados donde suponen más de 35 % (Reino Unido casi el 50 %) a pesar de no tener un trato de favor como en los países con los que se sitúa España: Eslovenia, Lituania, Bulgaria, Letonia…

Alcoa es inviable en el territorio español. Tenemos la energía eléctrica para las empresas un 25 % más cara que en Francia y un 32 % más que Alemania, porque es donde el Estado moja sopas -junto con los combustibles- para mantener una Administración y un sistema corrupto, mal organizado y que pierde dinero por miles de agujeros. Pero lejos de asumirlo, por lo menos, y cerrar se optó por ¡más madera! Casi mil millones en ayudas -más de 450.000 euros por empleo- para agradar al monstruo yanqui, pero ni con esas que el dinero no tiene romanticismo ni patriotismo.

Recordar que el sector mejillonero son 9.000 empleos directos y 10.000 inducidos. Más que nada por las veleidades mineras y demás hierbas que las cabras no comen.

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