La transformación de un espacio degradado en el centro de Ribeira

El recinto infantil es ahora un lugar con divertimentos para niños y adultos, aunque todavía le faltan unos retoques

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riberia / la voz

Encantada se mostraba Rita, una vecina de Ribeira, con el cambio experimentado por el parque Rafael Dieste, un espacio degradado en el casco urbano de la ciudad que se ha transformado en un agradable punto de encuentro del que pueden disfrutar tanto niños como adultos. Precisamente, eso hizo esta mujer, que no dudó en realizar un alto en sus obligaciones diarias para subirse a la elíptica y practicar un poco de ejercicio, aprovechando de paso que la lluvia había dado una tregua.

Destacaba esta ciudadana el mal aspecto que presentaba el parque hace solo unos meses y lo bonito que se ve ahora. Lo cierto es que parece un lugar completamente diferente y, posiblemente por la distribución de los juegos y por la cantidad de colorido, hasta da la impresión de que es más grande.

Por una parte, dos de los muros existentes se han pintado con murales de temática marinera. En uno de ellos se ha añadido a un conocido personaje de dibujos, Bob Esponja, que tiene una gran aceptación entre los pequeños, mientras que en el otro se ha optado por un diseño que recuerda a las viñetas de los cómics.

Ahora solo cabe esperar que los vándalos, que parecen empeñados en afear Ribeira y en estropear todo lo que encuentran a su paso, no vuelvan a hacer de las suyas. Sería un perjuicio no solo para las arcas públicas después de la inversión realizada, sino también para los usuarios, que ahora cuentan con un lugar agradable para disfrutar del tiempo de ocio.

Los flecos

A pesar de la indudable mejoría que ha experimentado el parque Rafael Dieste, todavía quedan unos flecos por corregir. Por una parte, en el recinto de juegos no hay ninguna papelera, ni tampoco bancos en los que poder sentarse, algo que vendría muy bien a los padres que lleven allí a jugar a sus hijos.

La barandilla de hierro que circunda el recinto también necesita un retoque, porque se encuentra oxidada y, algunos de sus barrotes están rotos, lo que constituye un peligro para los usuarios. De paso, no le vendría nada mal que se repintase.

Asimismo, en el espacio hay algunos tubos de plástico a la vista y el aspecto más negativo se encuentra en uno de los extremos, donde hay un manojo de cables que emergen del suelo y que tienen en su extremo un elemento que se ha tapado con una bolsa de plástico.

En el Concello ribeirense están al corriente de estas carencias y fuentes municipales comentaron que se subsanarán.

Ahora solo cabe esperar que el cambio de imagen se traduzca en una mayor afluencia de personas a este recinto que, además, se encuentra en una zona muy resguardada.

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