Dirige la bodega del Pazo de Rubianes, al tiempo que se encarga de la finca de vides y del jardín botánico
10 jun 2018 . Actualizado a las 05:00 h.Nació en el seno de una familia noiesa vinculada al sector textil, pero la trayectoria profesional de Guillermo Hermo discurre lejos de la moda. Reconoce que lo que aprendió de su madre, Dolores Gómez, y del tiempo que pasó vinculado al grupo Lolita Moda le ayudó a abrirse camino en la que es su auténtica pasión: el campo y, más concretamente, la viticultura. Desde hace más de dos décadas, este barbanzano no solo dirige la bodega del Pazo de Rubianes, sino que es el responsable de la elaboración de sus vinos, al tiempo que se encarga de la explotación de vides y del jardín botánico, un conjunto que trasciende el sector vinícola y constituye uno de los grandes atractivos turísticos de las Rías Baixas.
Fue esta variedad de proyectos fundidos en una única finca la que logró encandilar a Guillermo Hermo tras un período de aprendizaje desarrollando actividades en diferentes bodegas. Había tenido, justo después de terminar la carrera de Ingeniería, la posibilidad de quedarse en el sector público, que probó a través de la firma Tragsa, pero le pudo la pasión por la tierra: «Aquel no era el trabajo que me motivaba. Siempre tiré hacia el campo y en aquellos momentos, la viticultura era un sector en auge, puesto que la ganadería no acababa de despegar y consideré que estar vinculado a una actividad que siempre está en crisis podía resultar desmoralizador».
Elección del camino
Coincidiendo con el gran proceso de expansión de la denominación de origen Rías Baixas, que tiene ya 25 años de trayectoria, Guillermo Hermo se subió al carro del albariño. Empezó a trabajar con empresarios vinculados a fincas singulares, tanto en la mejora de explotaciones como en la puesta en marcha de nuevos viñedos, hasta que en 1997 tuvo claro cuál era su lugar: «Yo inicié la nueva plantación del Pazo de Rubianes y, aunque cuando llegué trabajaba casi en exclusiva como ingeniero agrónomo, poco a poco mis tareas fueron a más, hasta pasar a encargarme de la viabilidad, supervisión y dirección de la explotación en general. La finca tenía recursos muy importantes y por eso me quedé».
Y es que el Pazo de Rubianes es mucho más que una bodega. De las 25 hectáreas que tiene destinadas a la viticultura se extraen anualmente unos 180.000 kilos de uva de tipo albariño, pero la finca cuenta también con un parque botánico que constituye un importante atractivo turístico. Tanto es así que el año pasado superó la barrera de los 10.000 visitantes y en este 2018 la meta está puesta ya en los 15.000. Y estas cifras se refieren a visitas pagadas, sin contar las de numerosas personas que se acercan al lugar para adquirir productos. «La bodega es un referente del enoturismo en Galicia, por lo que intentamos tener siempre la viña cuidada estéticamente. Me defino como un jardinero del albariño», explica el noiés.
Desde el año 2000, la misión de Guillermo Hermo en esta explotación abarca también el proceso de elaboración del vino, desde el principio hasta el final, lo que ha contribuido a redondear un trabajo que ya había logrado el calificativo de pasión: «Lo variado que es este sector es lo que más me engancha. Aquí tengo la posibilidad de tocar la agricultura, el paisajismo y la jardinería, con el privilegio de dirigir un parque botánico que ha alcanzado un reconocimiento a nivel internacional». La guinda es la participación directa en la realización de los caldos y en su comercialización: «La idea es trasladarle a la gente el trabajo que hacemos y la dedicación que le ponemos al cuidado de este patrimonio gallego. Queremos que al descorchar una botella, el cliente rememore ese patrimonio».
Buenas perspectivas de futuro
El profesional noiés está convencido de que la viticultura de Galicia todavía tiene mucho que decir: «Las perspectivas son buenas. El albariño, después de unos años complicados, vuelve a coger la velocidad de crucero que tenía en el pasado». Eso sí, él piensa que hay que seguir apostando por la calidad: «Tenemos que ser cada vez más exigentes y escrupulosos con lo que hacemos y tratar de trasladar esa imagen al público, ya que a veces es algo a lo que en esta zona no se le concede la importancia que tiene. Si lo hacemos así, la viticultura tendrá un gran futuro en Galicia».
Aunque encontró su lugar en el Pazo de Rubianes, explotación de la que habla con emoción, Hermo no esconde que, como todo amante de la tierra, su sueño pasa por desarrollar un proyecto propio. No se fija plazos, ya que, como él dice, «en el mundo del vino nunca hay nadie que sea lo suficientemente mayor».