Las casas que todos quieren comprar

Raquel Iglesias CRÓNICA

BARBANZA

01 jun 2018 . Actualizado a las 05:00 h.

Esta fue la semana en la que Pablo Iglesias se rompió. Aunque los chicos también lloran, no dejan de impactar las lágrimas de un político acostumbrado a los más duros debates. Fue el miércoles en la sesión de Gobierno, después de pedir la retirada de la condecoración al «malnacido» policía franquista Antonio González Pacheco, conocido como Billy el Niño. Pero yo creo que no se emocionó solo por los aplausos de las víctimas de la dictadura que acudieron a escuchar su intervención, y es que en las últimas semanas ha sido protagonista de un noticia que muchos tuvimos que leer dos veces para creernos y que se titulaba así : «Polémica por el nuevo chalé de 600.000 euros de Pablo Iglesias e Irene Montero».

La pareja se compró una lujosa vivienda en las afueras de Madrid y llama la atención, más allá del precio, la ostentación de una casa que hasta cuenta con una edificación reservada para los invitados. Cuesta entender que alguien que habla de la casta como el líder de Podemos se deje llevar así por el lujo, más aún cuando hace años en una entrevista con la mismísima Ana Rosa Quintana se atreviese a decir que vivir en este tipo de urbanizaciones te aleja de la realidad del pueblo. Y es que no creo que Iglesias y Montero vayan a usar el transporte público para acudir a sus reuniones de partido después de darse un baño en su piscina. Todo ello por no hablar de que para pagar la hipoteca tendrían que dedicarse toda la vida a la política al más alto nivel, y eso es algo que nunca se puede planear, porque no solo depende de ellos.

Dicho esto, el debate debería haber terminado ahí. Me parece que todavía hay ciertos prejuicios hacia los jóvenes de izquierdas, ya que parece que solo los más mayores y que comulgan con otro tipo de ideologías pueden acceder al lujo. El líder de Podemos tiene coleta y viste camisas que nada tienen que ver con las de los líderes del PP, pero también tiene derecho a vivir como un rey si eso es lo que quiere, eso sí, arriesgándose a perder el apoyo de los que creían haber encontrado en él al defensor de la mayoría de los currantes que apenas se pueden pagar un hotel cuando llegan las vacaciones.