Con la comida de los enfermos no se juega


Hasta los niños tienen la lección bien aprendida. Con la comida no se juega. Podrían darle los pequeños una clase magistral al Sergas, que parece descuidar la alimentación de los enfermos del hospital de Barbanza. Al menos eso es lo que denunciaron esta misma semana familiares de personas que se encuentran ingresadas. Y cada vez son más los que se atreven a alzar la voz.

Espero no tener que estar nunca en la situación de estos pacientes para comprobar los hechos en primera persona, pero me basta con ver en sus allegados el rostro de la desesperación. Cuentan algunos que sus parientes han perdido peso desde que permanecen en el centro asistencial de Oleiros, y no precisamente por la falta de apetito o la medicación. Por eso ya se traen el táper de casa. Si ya es poco trabajo acompañar al enfermo, muchos familiares ahora también se tienen que ocupar de cocinarles para que aunque la bandeja vuelva llena al comedor del hospital, los pacientes llenen el estómago.

Pescado con mal olor, manzanas más congeladas que asadas, patatas crudas... Son solo algunos de los ejemplos que ponen los afectados. Y aunque en el hospital no se puede poner uno exquisito para comer, faltaría más, los menús deben de cumplir unos mínimos de calidad.

Lo peor es que nos quieren tomar por tontos. Ojo al dato. El Sergas mantiene que no se ha producido ningún cambio destacable, pero los enfermos han investigado y aseguran que hay algo detrás de la concesión del servicio. De hecho, van más allá y afirman que la empresa, al competir para ofrecerlo, ha rebajado tanto el precio se está reduciendo la calidad de los alimentos. En esta línea se pronunciaron ayer desde la plataforma en defensa de la sanidad pública de Barbanza, si bien su reivindicación se esperaba antes de tener que llegar a esta situación. Alguien tiene que defender a los más vulnerables. Recuerdan desde este colectivo que la diferencia entre la cocina del Clínico y la del centro asistencial de Oleiros es que la del primero no está privatizada, la gestiona el Sergas, mientras que aquí se encarga una empresa privada.

En este asunto no me muerdo la lengua. Me parece que el tema roza límites que nunca se deberían sobrepasar. Las reclamaciones ahí están para el que las quiera atender, incluso decenas de firmas acompañan a un escrito que los familiares de los enfermos quisieron entregar ayer ante la dirección del hospital.

Desconozco si lo consiguieron porque, tal y como aseguraron fuentes del Sergas, los responsables podrían estar reunidos. Seguramente tenían asuntos importantes que atender, por mucho que con este problema a muchos se les caiga el mundo. Lo que pasa es que aquí son siempre el segundo plato.

Por Raquel Iglesias CIUDADANA

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