Ofensas


Acabo de leer que un juzgado madrileño ha abierto diligencias contra el actor Willy Toledo por ofender a Dios y a la Virgen. Pocos días después de que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo haya condenado a España por tergiversar las leyes a su antojo, tras condenar a unas personas por quemar unas fotos de un señor que vivía -y vive- a cuerpo de él mismo a nuestra costa, algunos jueces siguen interpretando la libertad de expresión a su bola. Hasta que se demuestre lo contrario, los iconos no se pueden ofender, carecen de vida. Pero, por si acaso, tengan cuidado ustedes si van a maldecir a Espinete o a Spiderman.

Quiero pensar que muchos están empleando al pie de la letra esa expresión tan nuestra de «para lo que me queda en el convento…», pues la deriva es más surrealista que una borrachera de Dalí y, cuidado, las cosas todavía no acaban aquí. En un delirio de dimensiones planetarias, el Ministerio de Educación ha elaborado una asignatura optativa a la religión para animar a nuestros infantes en los conceptos de «seguridad y defensa».

Al más puro estilo castrense, el temario va desde cantar himnos, izar banderas y puede incluso que exista un apartado que explique cómo limar los cuernos a la cabra de la legión. Estamos llegando a un punto tan contagioso de esquizofrenia que incluso gente de Comisiones Obreras ha sugerido eliminar de los colegios la obra de Neruda por misógino.

Todo el mundo se ofende por algo y exige satisfacciones por ello pero, ¿quién va a pagar la ofensa diaria que sufre la inteligencia en este país?

Suspiren y lloren si quieren.

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