Cuando la oratoria se queda en casa


Un pleno municipal es el órgano de máxima representación política de la ciudadanía, donde se reúnen todos los miembros de la corporación que han sido elegidos con los votos de los vecinos de una determinada localidad. Con esa definición tan pomposa, era de esperar que la mayoría de las sesiones fueran un lugar en el que imperara el debate con un cierto nivel dialéctico y en donde se presentaran importantes iniciativas relacionadas con el presente y el futuro de dicho concello.

Sin embargo, en la comarca, la mayoría de los plenos se han convertido en un foro donde parece que los concejales están más interesados en arreglar los problemas del mundo que los del parroquiano de turno. Si lo normal es que la duración de las sesiones no baje de las tres o cuatro horas, cuando no es más, la mitad del tiempo los ediles se lo pasan discutiendo sobre las medidas tomadas -o no tomadas- por el Gobierno central, autonómico, e incluso europeo.

Las broncas llegan a extremos insospechados que rozan lo absurdo y, a veces, con insultos incluidos. Y todo esto para poco menos que nada, porque poco le va a importar a Mariano Rajoy que un concello barbanzano haya aprobado por unanimidad pedirle que suba las pensiones, que pague más a los parados, que se atienda mejor a las víctimas de violencia de género o que haya más ayudas para las mujeres trabajadoras, todas ellas reivindicaciones muy importantes en las que todo el mundo está de acuerdo, pero que deberían debatirse en el Congreso de los Diputados.

La otra característica que marca las sesiones plenarias de la comarca -aunque podría ser extensivo a Galicia e incluso España- es el común «y tú más». El traslado de concejales del banquillo de la oposición al gobierno local, y viceversa, hace que esta frase se repita hasta la extenuación una sesión tras otra. A ella también se le suele añadir otra coletilla muy empleada por aquellos ediles que siempre recuerdan épocas mejores y más prósperas: «Cuando nosotros estábamos en la alcaldía hicimos...».

Lo más curioso de todo es que, viendo este panorama y que la mayoría de los salones de plenos están vacíos de público, no parece lo más adecuado retransmitir y publicitar las sesiones a través de Internet, porque de antemano ya se puede presuponer que la audiencia será baja o prácticamente inexistente. Sin embargo, la mayoría de los concellos ya se han sumado al carro de las nuevas tecnologías para que los vecinos estén perfectamente informados del trabajo y buen hacer de sus representantes municipales, algunos de los cuales se olvidan la oratoria y las propuestas en su casa.

Autor Ana Lorenzo CIUDADANA

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