Mejor que Messi

BARBANZA

Conozco a un Leo mejor que Messi. «¡Oh!», exclamarán y puede que se pregunten: «¿Acaso ‘tu Leo’ es capaz de llevar el balón cosido al tobillo con el hilo mágico de hilvanar sueños?». La verdad es que no. «¿Acaso ‘tu Leo’ posee en su mansión diez cuartos de baño con salas de cine, fuentes de chocolate blanco y papel higiénico de tela con obras de poetas simbolistas franceses escritas en él?». Pues tampoco, oiga.

Pero «mi Leo» es transportista, se levanta cada día a las cinco de la mañana, carga su furgoneta y se pone a repartir paquetes de local en local, de pueblo en pueblo, distribuyendo el juego. Llega regateando las malhumoradas mañanas de lunes y nunca pierde la oportunidad de darte un saludo alegre; celebramos algo con él cuando nos llega al almacén, no sabemos exactamente qué es, pero intuimos que es algo que tiene que ver con ese refinamiento espiritual que desprenden, como llamaradas, las buenas personas. Nos habla con un afecto sin imposturas, tan llano y limpio que los goles dejan de importar, ni siquiera los que nos mete la vida por la escuadra importan. Leo está ahí, en tu equipo, y eso es más que ganar.

Leo, de Cofares, no da tantas asistencias como Messi, pero cuando uno pasa tiempo cargando cajas con él se da cuenta de que no son las poderosas zancadas del jugador del Barça sino los pequeños pasitos que llenan de paquetes una furgoneta los que mueven el mundo. Benditas las piernas de mi amigo Leo, piernas de trabajador honrado, piernas que el mismo día que se agachan a coger una caja traen consigo el abrazo de un gran tipo, mejor que Messi.