La resistencia del comercio de proximidad

Una treintena de ultramarinos no se resignan a sucumbir ante la competencia de los supermercados y sobreviven en la comarca con el trato familiar como seña de identidad

J. M. Sande
Noia / La Voz

Hace unos días echó el cierre uno de los establecimientos más emblemáticos de Noia. Durante 70 años, todos los días, la tienda de Isaura abría sus puertas para surtir a los vecinos de legumbres, especias, chorizos o cuanto necesitaran. Era uno de los últimos ultramarinos, unos negocios que se han convertido en la resistencia del comercio de proximidad frente a las grandes cadenas de supermercados. En la comarca quedan todavía unos cuantos ejemplos, que persisten con el trato familiar como sello de identidad sin renunciar a renovarse.

«¿Competencia? Nunca buscamos sobrevivir superando en prezos á competencia porque é imposible, apostamos por dar servizo, escoitando ao cliente, ofrecendo confianza e seguridade no que está levando». Esta es, a juicio de Mayte Abeijón, la clave para mantener abiertas las puertas de su negocio en la calle Calvario de Noia. La fórmula no debe estar errada porque así ella y sus antecesoras han logrado capear la irrupción de los supermercados durante más de 60 años.

No es el único ultramarinos que permanece abierto contra viento y marea, y en el conjunto de la comarca son cerca de una treintena los establecimientos de este tipo que siguen funcionando. En muchos casos, estas tiendas de toda la vida han ido ampliando su cartera de productos incorporando artículos delicatesen, aunque otros se resisten porque no lo ven rentable: «Nas cidades teñen máis saída, pero aquí non dispoñen dun gran público». Y es que, aunque en villas como Noia o Rianxo siguen conservando este tipo de negocios en sus calles, la mayoría de estos comercios de proximidad se sitúan en las parroquias, donde encuentran compradores que evitan los desplazamientos diarios a los supermercados de los núcleos urbanos, o que, simplemente, no disponen de medios de transporte para moverse.

Edad media

En un negocio situado en Escarabote, la propietaria resumía claramente el tipo de clientela que recibe: «De 50 anos para arriba, veñen aquí. Os de 50 para abaixo van ás grandes superficies. Aquí temos os clientes de toda a vida».

Después de 40 años con las puertas de la tienda abiertas, esta boirense reconoce que la supervivencia es complicada: «Imos subsistindo porque no meu caso non teño que pagar o local. Os que deben pagar un alugueiro teñen que pechar á forza».

Como negocios familiares que son, en la mayoría de los casos estos ultramarinos están situados en bajos en propiedad. Eso no solo evita el pago de una renta, sino que anima a muchos a renovarse para tratar de actualizar su imagen y atraer nuevos clientes. El histórico negocio de la rúa de Abaixo rianxeira, el único que sobrevive en una calle en la que antiguamente había tres, mantiene su esencia, pero se ha modernizado con nuevo mobiliario. También en la tienda de Praia Xardín, abierta desde el año 1960, han apostado por realizar una reforma. A pesar de estar en momentos complicados para este tipo de actividades, María Abuín decidió tomar el relevo tras la jubilación de su madre, que, a su vez, había recogido del testigo de la suya.

Negocio de mujeres

Estos establecimientos demuestran que las mujeres también emprendían en momentos en los que su papel estaba relegado al hogar. No en vano, muchos de los comercios de alimentación que continúan funcionando fueron fundados por mujeres, y luego han sido sus hijas y nietas las que se han puesto al frente.

El futuro se presenta incierto, pero, de momento, las tiendas de proximidad compiten con las grandes cadenas de distribución con sus armas, tirando de calidad y de productos caseros. Especialmente difícil lo tiene la tienda que Manuela Tajes abrió en Serres (Muros) hace unos 55 años: «Aquí chegou a haber catro e aguantou a nosa. Agora hai un supermercado a 200 metros e xa se sabe, o peixe grande come ao pequeno, pero imos tirando de momento», cuenta Adelino Tajes, quien recuerda como en su infancia sus hermanas tenían que recorrer un kilómetro de distancia con los plátanos que traía un camión que suministraba la mercancía en la cabeza.

Una de las formas de competir, o por lo menos evitar acabar engullido por las grandes compañías, es ofrecer un horario amplio. María Abuín explica que no queda otra: «Nós temos pan e abrimos os domingos pola mañá. Ademais é o día que podes facer algo máis. Esta temporada que as grandes superficies tamén abren os domingos notámolo moito».

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
7 votos
Comentarios

La resistencia del comercio de proximidad