La humedad, una plaga endémica


Se cuela poco a poco y va calando hasta los huesos, pero no solo de los humanos, sino que también llega hasta las propias entrañas de los edificios. Da igual que apenas tengan unos años de vida y se acaben de inaugurar, como que atesoren siglos de historia. La humedad es una plaga endémica en la costa de Galicia contra la que, una vez que llega, poco se puede hacer para evitar que no se expanda como una epidemia contra la que no pueden luchar ni un batallón de deshumidificadores.

La biblioteca de Carnota ha sido la última víctima de esta enfermedad, que ha acabado por desconchar sus paredes, hinchar sus estanterías y el resto del mobiliario de madera y cubrir de un color amarillento y de manchas sus techos. El peligro que corrían los fondos bibliográficos llevó al gobierno local a vaciar estas dependencias y a intentar llevar a cabo una reforma integral para que esta parte de la casa consistorial carnotana pueda volver a recuperar su esplendor, o por lo menos, que sirva para eliminar de una vez por todas las cicatrices que dejan las filtraciones de agua.

Pero el caso de Carnota no es el único, hasta una veintena de edificios públicos de la comarca luchan a diario contra las heridas de la humedad, una humedad que en algún momento ha estado a punto de llevarse por delante los valiosos recuerdos que se atesoran en el Museo Valle-Inclán. La Torre de Bermúdez de A Pobra, considerada un bien de interés cultural (BIC) también adolece por los achaques que le han causado las filtraciones de agua que, en los últimos años, han castigado sobremanera este histórico edificio que está a la espera de que una subvención del Gobierno consiga subsanar todos los desperfectos que el agua ha provocado.

El pazo de O Martelo de Rianxo tampoco se ha librado de esta plaga, como la Casa da Xuventude de Ribeira, el centro de salud pobrense, así como numerosas instalaciones deportivas y culturales salpicadas por toda la comarca. En todas ellas saben lo que es colocar cubo para recoger el agua cuando llueve, o pintar una vez tras otra las paredes para evitar que las terribles manchas de humedad vuelvan a aparecer.

La solución para poner coto a esta plaga pasa por reformas integrales de los edificios, lo que supone inversiones muy costosas. Mientras se espera por ellas, los meses de sequía acumulados en el último año han ayudado a frenar un poco su proliferación, que tarde o temprano volverá a salir a la superficie cuando las inevitables lluvias del invierno -que esperemos que lleguen- regresen. Porque, si la lluvia es arte en Galicia, la humedad es uno de esos cuadros a los que pocos les gusta colgar.

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