El sábado estuve siguiendo levemente la marcha contra el terrorismo que se celebró en la ciudad de Barcelona. Está claro que era necesaria una puesta en escena que demuestre que nuestra sociedad está firme y orgullosa frente al fanatismo religioso y estúpido de los asesinos del Dáesh, pero, en mi opinión, la unidad no se demuestra exclusivamente en una marcha reivindicativa tras una tragedia.
Se criticó mucho, y con cierta razón, el intento de espantada de la CUP, pero no les falta un punto de razón cuando dicen que nuestro Gobierno hace negocios y tiene lazos de amistad con Arabia Saudí, presunto máximo accionista de los fundamentalistas. De todos es sabido que el antiguo monarca estableció grandes relaciones con este árido país.
No es suficiente hacer piña y mostrar unidad cuando nos golpean. Lo inteligente sería procurar por todos los medios a nuestro alcance no contribuir a que esta gentuza siga difundiendo su mensaje de odio a los cuatro vientos.
Hace poco el ejército libanés, junto a otras facciones sirias y kurdas, expulsaron a Dáesh de unas montañas fronterizas con Siria. Les sonará si les digo que en el momento de la victoria ondearon una bandera española en honor a las víctimas de Barcelona. Pues bien, parece ser que las armas que los fundamentalistas dejaron atrás en su huida eran americanas.
No es suficiente que nuestros ejecutivos se pongan dignos y circunspectos frente a los fotógrafos cuando por detrás, les guste escucharlo o no, permiten que las armas y el dinero sigan fluyendo entre Oriente y Occidente dejando a su paso miles de cuerpos sin vida de inocentes.