Doble moral de la Iglesia


L a Iglesia católica se muestra radicalmente contraria al divorcio. Mantiene actitudes beligerantes y poco cristianas, nada generosas, nada evangélicas, nada caritativas con las personas que se encuentran en situación de divorciarse. Las excluye de la comunidad de creyentes, les niega los sacramentos y llega a romperles el contrato laboral si la divorciada o el divorciado son docentes y enseñan Religión. Incluso si trabajan en una escuela pública: es decir, pagada por el Estado. Pero esta actividad intransigente de la Iglesia en relación con los católicos de base se modifica, radicalmente, cuando el sujeto del divorcio es alguien importante para sus intereses, nada espirituales, por cierto. Así, mientras a una divorciada que es profesor de Religión la sancionan y expulsan, a otra famosa y con dinero, la casa ostentosamente, como si no hubiera pasado nada. Y mientras a la desgraciada se le niegan los sacramentos, a esta otra le oficiaron la ceremonia nupcial obispos y cardenales en una exhibición pública de la mayor hipocresía y del más escandaloso maridaje con el poder.

Las incongruencias no acaban aquí. La Iglesia obliga a aprender y hablar a los misioneros la lengua del pueblo evangelizado y, al mismo tiempo, rechaza lenguas propias en algunos templos españoles. Resulta decepcionante la actitud de esta Iglesia empeñada en hablar a Dios en un idioma extraño para los feligreses, y es patológico el complejo de inferioridad que arrastra en su sometimiento al poder. Ahora que el Papa está preocupado por cristianizar de nuevo Europa, quizá habrá que empezar por cristianizar de nuevo la Iglesia.

El infierno existe en la casa de aquellos que tienen un hijo con una enfermedad incurable, y en la que los abuelos que han dejado de ser quienes eran por culpa del alzhéimer. Existe en la piel de mujeres que son apaleadas por sus maridos y callan por miedo, y en la de quienes han sido violadas. Existe en las manos de los parados que tienen que delinquir para comer y en las lágrimas de quienes han perdido a un hijo en un accidente o por las drogas. El infierno existe a bordo de una patera. Y el infierno se llama sida, drogadicción, guerra, explotación...

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