Peregrinación para ir de compras

María Xosé Blanco Giráldez
M. X. Blanco CRÓNICA

BARBANZA

Es rara la ocasión en la que no me cruzo con uno o varios rostros conocidos cuando me desplazo a un centro comercial, y eso que no voy con excesiva frecuencia. O todas las caras que me resultan familiares eligen el mismo día que yo para ir de compras o es que los barbanzanos, como el resto de los mortales, frecuentan las grandes superficies. Me decanto por la segunda opción, aunque dicha conclusión no quiera ser asumida por un sector, el del pequeño comercio, que debería ponerse las pilas, ser consciente de que el sol no se puede tapar con un dedo y de que llegará el día en el que se vean incapaces de seguir frenando un desembarco que se hace a todas luces imprescindible.

Primero, porque los centros comerciales, le pese a quien le pese, son mucho más que un conjunto de tiendas. Son espacios de ocio en los que grupos de amigas y familias, sobre todo con niños pequeños, acuden para disfrutar de un día de asueto, sin temor a que el frío o la lluvia trunquen sus planes. Y segundo, porque por mucho empeño que pongan algunos pequeños comercios, las cadenas que pueblan las grandes superficies ofrecen a los consumidores una serie de ventajas imposibles de encontrar en el denominado comercio de proximidad.

Generalizar en este asunto, como en casi todos, sería injusto y hasta faltaría a la verdad, pero la relación de excepciones es demasiado amplia. Tiendas que no facilitan tique regalo, otras que reducen a 15 días el plazo para realizar cambios y hasta que ni siquiera contemplan esta posibilidad son solo algunos ejemplos. ¿Cómo esperan sus dueños poder competir con firmas en las que no es necesario dar explicaciones sobre la devolución de un producto 30 días después de haberlo adquirido? Y eso sin contar la cantidad y variedad, tanto en tallas como en modelos, que caracteriza a las grandes cadenas que se instalan en los centros comerciales.

Y ojo, porque Internet es un peligro que acecha con fuerza. Son muchas las firmas que ofrecen la posibilidad de hacer compras y devoluciones, no solo sin moverse del sofá, sino de forma totalmente gratuita. La crisis económica ha hecho una gran criba en el pequeño comercio, pero esta aún puede ir a más si los clientes no ven recompensada su apuesta por las tiendas locales.

Quizás, la idea de aprovechar las sinergias que se apuntó cuando surgieron proyectos para instalar centros comerciales en Barbanza no fuera tan descaminada. A lo mejor, el municipio que se anime a frenar las peregrinaciones a las grandes superficies de las ciudades se convierta en foco de atracción y parte de sus negocios, sobre todo de la hostelería y el comercio, saquen partido.