Los alemanes ven a España como un país destartalado, poco eficiente, excesivamente burocratizado, con un sector público corporativista, que desatiende las urgencias ciudadanas, muy poco organizado donde cada cual campa a su aire. De la fiesta a la siesta, bulo extendido allende los Pirineos, es la fotografía más injusta de un país con la jornada laboral más larga de Europa y la jornada escolar más corta. ¿Tienen razón? Basta mirar el fin de semana de La Voz para entender el tópico de juerguistas. Los concellos, la Xunta y las diputaciones anuncian fiestas, festejos, jornadas gastronómicas o romerías por doquier.
La crisis, ¿qué crisis? Se combate con pan y circo en cada parroquia, aldea, barrio o asociación de vecinos. Pocos son los concellos que reducen los saraos, cuando lo hacen no se vende como resultado de un planteamiento basado en la austeridad y la necesidad de encaminar los recursos a la creación de bienes sociales, sino por culpa de Montoro o de la oposición. Así no hay manera. Seguramente algo falla a la hora de analizar tanto dispendio. Quizás oculta otra realidad más básica. Las fiestas dan de comer a miles de personas, generan empleo, aún a riesgo de ser poco escrupuloso con el cumplimiento de la legalidad.
El camión antes transportaba ladrillo, ahora porta el equipaje de un conjunto musical. El electricista de la obra se encarga del aparataje luminotécnico que adorna: Xenxides en Festas. El carnicero vende la carne para la barbacoa popular y el pescador se beneficia de los 9 euros por un kilo de sardinas en el San Xoán. El supermercado hace su agosto en la venta de alcohol para el botellón de fin de semana y el abogado sobrevive a la Ley de Tasas tramitando ayudas a los miles de emigrantes beneficiados de las políticas de cohesión social. Quizás todo se reduce a un error de perspectiva. La Galicia resistente a tanta modernidad demoledora empleando la tozudez de la determinación para evitar la derrota.
Y así vamos: de fiesta en fiesta hasta la Gran Bouffe final. Mientras tanto, la opinión pública debate en las redes sociales sobre la elementalidad del ser y la fisiosidad de las esencias. Que máis ten. ¡Y nadie dimite!.